La cuatriembración del ser humano

El ser humano es más que solo su cuerpo. Los procesos vitales como crecimiento, regeneración y con ello los procesos de curación pertenecen a su organización vital (cuerpo etérico). Como ser perceptivo y con movilidad, desarrolla un mundo anímico, con el que percibe por ejemplo sonidos y mímica (organización anímica, sensorial o cuerpo astral). Como individualidad autoconsciente y autónoma vive como ser espiritual (yo) en el organismo, dotada de la capacidad de expresarse por el habla y que puede conformar su biografía individual y su destino.

Estos miembros constitutivos del ser humano se hacen evidentes inmediatamente en el encuentro con el paciente. Así el paciente informa sobre sus síntomas corporales (cuerpo físico), su agotamiento y pérdida de su vitalidad (organización vital), sobre trastornos psíquicos, como miedo y dolor interior (organización anímica) y como ser dotado de un yo pregunta por el sentido, perspectiva y significado de su enfermedad para su biografía personal. Las bases de la teoría del conocimiento y con ello la base científica para la comprensión del ser humano a través de la medicina antroposófica ya fueron expuestas y trabajadas (1).

El cuerpo humano

El cuerpo visible, o sea, la figura consistente de sustancia, que puede ser analizada por métodos de las ciencias naturales, es el cuerpo físico. Esta organización física comprende desde los huesos hasta la masa hereditaria en cada célula. A ella debemos nuestra apariencia exterior, nuestro peso, nuestra densidad y estática. El cuerpo ha sido investigado exhaustivamente en los últimos tiempos, ya que la medicina académica de las ciencias naturales se ocupa ante todo de los procesos que se pueden explicar por las leyes de la química y de la física.

La organización vital

Además de las leyes químicas y físicas existen procesos que conocemos como procesos de autocuración y nos referimos a ellos como vitalidad o capacidad de regeneración. Se trata aquí de procesos vitales dinámicos, que pueden diferenciarse en los distintos tejidos y órganos. Así la capacidad de regeneración en las células hepáticas o en las glándulas germinales es distinta a la de las células del cerebro y de la córnea del ojo. Los procesos vitales dinámicos pertenecen a una organización vital que permite la acción armónica, en conjunto de los distintos procesos vitales. Cada ser humano tiene su propia organización vital, así como posee su propio cuerpo físico. Rudolf Steiner la denominó organización vital, cuerpo vital o cuerpo etérico, haciendo referencia a que la expresión cuerpo significa que algo tiene figura y forma. (2, pág. 15). Los procesos etéricos son la base de toda curación, sanación y de la capacidad salutogénica del ser humano. Para poder reconocer la realidad autónoma de esta organización vital, distinta de la organización física, se necesita de un acceso básico en la teoría del conocimiento (1).

La organización anímica

Los sentimientos diferenciados como pena y alegría, simpatía y antipatía, la facultad de percibir algo en forma consciente, la percepción del movimiento propio, desear algo, querer algo determinado son expresión de diferentes fuerzas anímicas. Todas pertenecen a la organización del alma, que posibilita la acción en conjunto de los distintos impulsos anímicos. En el estudio del ser humano desde el punto de vista antroposófico se trata de la organización de los sentimientos o del cuerpo astral del ser humano. Cada individuo posee su propia organización anímica, así como también su propia organización vital y su cuerpo físico propio.

Esta organización del alma crea en nosotros un espacio interior y al mismo tiempo una nueva dimensión en la capacidad de relacionamiento, posibilita la dedicación hacia algo o alguien, también apartarse de ello, da el sentimiento de la propia dignidad y compasión y nos capacita a desarrollar una relación y la autonomía.

La individualidad humana

Todo ser humano, cada niño es un individuo: es único e irrepetible, insustituible e indivisible. A ello se refiere el concepto de dignidad humana. Toda ética de la medicina se basa en este hecho, que diferencia al ser humano del animal – sin negar al animal su alma y su sensitividad. El concepto individuo proviene del latín y significa que ya no es posible la división en otras subunidades (in-dividere = no dividir). Se refiere con ello a la esencia del ser humano. Cada uno sólo puede decirse “yo” a sí mismo. El yo corresponde a lo espiritual en nosotros, forma el centro de la personalidad, posibilita la consciencia de uno mismo y la capacidad de un desarrollo de por vida. No sólo se evidencia en nuestro pensar y capacidad cognitiva, sino que penetra y conforma el alma y el cuerpo. Todos vivenciamos en nuestro interior que podemos ejercer influencia sobre nuestro pensar, nuestros sentimientos y sobre nuestra actividad volitiva. Esta facultad es previa a toda ética consistente. Con ello el yo humano es la base de la libertad que vivenciamos cuando actuamos en forma autónoma o tomamos und decisión. La intervención del yo en el alma y en el cuerpo está dada por la organización del yo. Ella coordina e integra los distintos procesos del organismo, a través de lo cual el yo individual puede incrementar y conformar el pensar, el sentir y el accionar. El yo es el ser espiritual eterno del ser humano. El elemento del cual se vale ante todo la organización del yo, para relacionarse con el cuerpo, es el calor.

Miembros constitutivos

Relación con

Base para

Asociación con

organización del yo

individualidad, espíritu

autoconsciencia, vivencia propia, actuar

calor

organización astral

alma

desarrollo de la consciencia, movimiento, procesos catabólicos

aire

organización etérica

procesos vitales y formativos

crecimiento, regeneración, curación, capacidad salutogénica, procesos anabólicos metabólicos

liquido

organización física

Cuerpo, figura

figura espacial

sólido, mineral



Fig.: Los miembros constitutivos del ser humano (3, pàg. 16)

Sueño y muerte

Los miembros constitutivos del ser humano se hallan en una relación cambiante entre ellos. Durante el sueño se desprenden el ser anímico y el espiritual del ser humano de la organización vital y física, para volver a relacionarse al despertar con el cuerpo. Los sueños aparecen ante todo en la fase de transición, cuando los miembros constitutivos comienzan a compenetrarse. Con la muerte se llega a la separación total de los miembros constitutivos superiores del cuerpo físico, que queda sin vida. En esta relación el sueño es el hermano menor de la muerte: en ella se desprende no sólo el ser anímico y espiritual del ser humano, del cuerpo físico, sino también su organización vital. Estos puntos de vista tienen gran alcance. La muerte con sus procesos de desintegración hace referencia exclusivamente al cuerpo físico; el ser vital, anímico y espiritual no están afectados por ella, sino que conocen una existencia post-mortal y prenatal. De ello surgen consecuencias decisivas para la medicina en los partos, pediatría y de igual modo para la medicina paliativa y el acompañamiento de los pacientes moribundos.

También el yo del ser humano puede relacionarse de diferentes formas con el cuerpo. Así es que la mirada de un ser humano puede sentirse como “vacía” o “llena” de la fuerza del yo. Hablamos de la ausencia o también de la presencia del ser humano y señalamos con ello en las distintas expresiones la presencia del yo, que puede ser diferente. Las drogas y enfermedades por adicciones, por ejemplo, llevan a un debilitamiento de la presencia del yo.

1 Heusser P. Anthroposophie und Wissenschaft. Eine Einführung. Dornach: Verlag am Goetheanum; 2016.

2 Vagedes J, Soldner G. Das Kinder-Gesundheitsbuch. Kinderkrankheiten ganzheitlich vorbeugen und heilen. 7. Aufl. München: Gräfe und Unzer; 2013.

3 Girke M. Innere Medizin. Grundlagen und therapeutische Konzepte der Anthroposophischen Medizin. Kap. Das Menschenbild, Die Krankheitslehre. 3. Aufl. Berlin: Salumed Verlag; 2020.


Research news

Practiced-Based Research of Complementary and Integrative Therapies for Pain Management in Clinical Settings
This systematic review identified 23 studies (including 8464 patients) that fulfilled the quality criteria for evaluating individualized complementary and integrative pain therapies. The studies included chiropractic, acupuncture, multimodal individualized intervention/programs, physiotherapy and anthroposophic therapies. Retention rates ranges from 53% to 91%. Although all studies reported beneficial impacts on various pain outcomes, but future practice-based CAM and IM research should be more comprehensive and scientific. Results, recommendations, and the call to action are available at:
https://doi.org/10.1093/pm/pnab151