Individualismo ético como postura básica terapéutica

Concepcionalmente la medicina antroposófica (AM) se puede ubicar en las orientaciones integrativas, ampliadas de la medicina, siguiendo la premisa de Steiner del reconocimiento de la medicina de las ciencias naturales como fundamento de la medicina antroposófica (1) (2, pág. 7). Pero, ¿qué sucede con su postura de base? ¿En dónde se apoya si por un lado parte de las ciencias naturales y se sirve de la aparatología de la medicina intensiva y por el otro lado no usa las normas y los valores colectivos? La medicina antroposófica no es una religión ni una sociedad de valores definidos con un fundamento ético pre-establecido. Se apoya únicamente en el ser humano que se refleja a sí mismo y al mundo. ¿A qué actitud ética de base puede llegar esto?

La relación entre el bien y el mal con el pensar

La postura humana es siempre el resultado del modo en el que hemos aprendido a pensar sobre nosotros mismos y los demás. Steiner reconoció lo humillante de un pensar que aplica la ciencia sin espiritualidad ni reflexión y con ello sin el compromiso interior humano. Él señaló los peligros relacionados con ello: el desprecio al ser humano y lo destructivo para la civilización. En sus conferencias sobre la educación como cuestión social, en agosto de 1919 señala: [...] si usted reflexiona sobre la crueldad con la cual la evolución cultural actual está impregnada, que apenas se puede comparar con la crueldad de épocas bárbaras anteriores, entonces no dudará de que se anuncia claramente el ocaso a la decadencia de la inteligencia. [...] Se pueden observar dos connotaciones muy marcadas: Seres humanos, que son muy inteligentes y que tienen una clara inclinación hacia el mal; y por otro lado muchos seres humanos que inconscientemente reprimen esa inclinación al mal, sin luchar contra ella y permiten que su inteligencia se duerma.” (3) Cuarenta años después de la toma de poder de Hitler Hannah Arendt acuñó, en el contexto del proceso a Eichmann en Jerusalén, el concepto de “la banalidad del mal” (4), sobre el que se debería reflexionar con más profundidad. Su pregunta es, ¿de qué modo el problema del bien y del mal se relacionan con el pensar? y si ¿realmente un pensar activo, independiente y consciente da pie para poder prevenir el mal? Los conceptos de Steiner de la “inteligencia que se vuelca al mal” y del “dejar que la inteligencia se duerma” en el fondo recién ahora pueden ser comprendidos empírica – y filosóficamente. Cuánto más el pensar se oriente hacia lo integral, hacia la apertura al mundo tanto menos podrá sucumbir a modelos del pensar aislados y por último enemigos de la vida como premisas de acción. Sin embargo en esta relación hay que mencionar, que algunas formas de nuestro pensar y obrar médico-ético actuales están muy cerca de lo que en tiempos del nacionalsocialismo fuera una realidad, cuando se consideraba la “vida no digna de ser vivida”. La diferencia decisiva entre aquel tiempo y el presente es que el individuo en Alemania en ese entonces no tenía libertad de decisión personal. Hoy en día médicos y pacientes tienen la libertad de decidir cómo accionar éticamente frente al diagnóstico de preimplantación, al diagnóstico prenatal y a la ayuda activa para morir (5, 6). Aquí se presenta la demanda de Steiner de apartarnos de la ética normativa colectiva y orientarnos hacia una ética individual, hacia un “individualismo ético” (7, pág. 160) como tendencia en los debates actuales sobre ética. La práctica evidencia que la orientación dentro de las normas éticas, las salvaguardias jurídicas, políticas, sociales y culturales, no pueden asegurar que las decisiones y lineamientos en el caso particular sucedan para “el bien” de la persona afectada. Lo que en el caso singular se pueda considerar como éticamente “bueno” o “malo”, depende de lo que se vivencie dentro del marco de ayuda y de fomento del desarrollo de ese individuo. No puede haber una norma preestablecida para ello. Es por eso que la obra básica de Steiner en cuanto a la ética lleva el título de “Filosofía de la libertad” y no “Filosofía del obrar ético” (7, pág. 260). Pues la pregunta de base clásica de toda ética es: ¿Qué es el bien y qué es el mal? Y necesariamente están subordinadas al concepto de libertad y dependen de su definición. Necesitan para su precisión más exacta, por un lado de las condiciones externas, del marco legal que determina lo que es “justo” o “injusto”, “permitido” o “prohibido” en este sentido y por el otro necesitan de una descripción en la que sea considerada la voz interior de la consciencia, cómo se genera y a partir de qué se forma. Si ésto no se describe, si las motivaciones para las afirmaciones no son transparentes y comprensibles para la persona y su entorno, se generan las formas correspondientes de dependencia o de falta de libertad. El grado de consciencia de libertad que posee un ser humano– tan flexible como inamovible, tan categórico como determinante – evidencia siempre la motivación más profunda de su pensar y actuar. La dignidad y los valores de la vida individual y social dependen de ella. Ello determina la conducta individual ética y la comprensión colectiva de los valores de una sociedad. Es por ello que no puede concebirse una ética normativa satisfactoria – porque justamente la libertad explícitamente no puede ser normatizada, sólo puede realizarse implícita-individualmente. Expresado de otro modo: Las condiciones de la libertad exterior justamente no garantizan, que un ser humano determinado se sienta libre interiormente. Es decisiva la vivencia de libertad en su dimensión anímica y espiritual interior. Esto sin embargo solo puede transmitirse implícitamente; cada ser humano a sí mismo, como consecuencia de su propia y auténtica actividad pensante y sensible consigo mismo y con el mundo.

La filosofía de la libertad de Rudolf Steiner

El individualismo ético intentado por Rudolf Steiner apunta hacia la comprensión del ser humano de sí mismo y que a través del pensar pueda asegurarse su capacidad de autonomía. Por otro lado los conflictos interiores de poder del ser humano moderno señalan que cada persona siempre está en riesgo de imponer su voluntad y hacer uso de su propia libertad a costa de la de otros – o a comprenderse evolutivamente como un “animal” impulsado por su naturaleza, genuinamente carente de libertad, lo que ubica al ser humano “más allá de libertad y dignidad” (8). La libertad puede aparecer sólo como disposición en un mundo dominado por las leyes de la naturaleza, sin hacerse manifiesta. Pues si existiera una ley de la naturaleza que pudiera hacer surgir la facultad de la libertad “por sí misma”, es decir de modo natural, sería ésta una demostración de su no existencia. La libertad sólo puede ser comprendida y aprehendida en una esfera, que en sí misma es legítima y actúa como tal, pero no según la ley natural. Rudolf Steiner reconoció una esfera de tal índole en la facultad humana de pensar. Describe, por cierto todas las leyes naturales accesibles, pero sin hacerse dependientes de la naturaleza. El pensar es lo que actúa en la naturaleza, pero no es el resultado de ella. Además abarca por sobre la comprensión de lo dado por la naturaleza, toda forma de valores ético-morales y de autodeterminación, que crean cultura, pero no se hallan controlados por esa naturaleza: “La naturaleza considera al ser humano sólo un ser natural, la sociedad lo considera un ser que obra según las leyes sociales – pero un ser libre solo lo puede hacerse cada individuo por si mismo, convirtiéndose a sí mismo.” (7, pág. 170).

La propuesta de Steiner es la de observar y describir exactamente esta facultad del pensar auto determinante en el modo de actuar y de manifestarse. Pero la medida en que un ser humano pueda llegar a expresar su capacidad de libertad a través de la actividad del pensar y que esta se manifieste en su sentir y su obrar, depende de su propia comprensión de autonomía y de su voluntad de ser libre. Pues la libertad no es algo “dado” – sino que requiere de una ejercitación constante. De la misma manera una ética basada en la libertad no puede fundamentarse en una ética normativa, pero si los principios de una norma ética pueden describirse como etapas en un camino genuino para llegar a vencerlos. Los puntos de partida de la filosofía de la libertad de Steiner son entonces la actividad del pensar consciente por un lado y la vivencia corporal y del entorno por las percepciones de los sentidos por el otro. En esta dualidad se manifiesta el juego entre la necesidad – es decir la determinación del ser humano por su corporalidad – y su capacidad de lograr la libertad en forma de su autodeterminación pensante. Por el hecho de que el ser humano puede llegar a la apertura de lo nuevo a través del pensar, con lo que también aprende a verse a sí mismo como algo nuevo, modifica también la decisión de cuidar y de transformar determinados pensamientos reconocidos como verdaderos y también modifica su condición corporal o sea la vivencia de sí mismo. Steiner denomina la constitución corporal que se modifica bajo influencia del pensar la base caracterológica del ser humano. A esta base caracterológica natural él contrapone la capacidad del pensar libre, puramente mental o espiritual. En base a las experiencias individuales biográficas y evolutivas, el modo de llegar a la consciencia del yo o a la autoconsciencia del ser humano individual es muy variada. El pensar y obrar correspondientes dependen en un alto grado de las experiencias en la vida y de cómo estas han sido elaboradas, es decir, cómo las acciones del ser humano son el resultado del trabajo en conjunto del mundo del pensamiento y de la representación, de los cuales provienen las motivaciones para el obrar, sobre la base de la disposicion caracterológica como “estímulo del obrar” (7, pág. 151).

Individualismo ético y ética de normas

Steiner denomina metas éticas (morales) a los motivos del obrar que surgen del pensar y las dispone en el siguiene orden:

  1. Representación del bienestar propio o ajeno – en el sentido del dicho: lo que no quieres que te suceda, no dejes que suceda a otros s –
  2. Contenido puramente conceptual de una acción – por ejemplo, desde un sistema de principios que pueden asegurar el obrar ético en un contexto dado social o de valores. La base de estos principios éticos incumbe a las autoridades competentes de la familia, comunidad religiosa, Scientific mmunity, estado o también a la voz de la consciencia influída por esas enseñanzas.
  3. Obrar por comprensión individual – independiente de representaciones autoritativas de moral. Para ello hay que considerar las aspiraciones y necesidades que propone el ser humano individual para su obrar ético. Pueden ser metas como:
  • Promover el máximo bienestar de toda la humanidad,
  • Servir al progreso de la cultura, o sea, del desarrollo cultural-ético de la humanidad,
  • Realizar en forma puramente intuitiva las metas éticas buscadas.

En el caso de a. y b. son metas/ideales, en los que uno puede orientar su obrar y ante las decisiones reflexionar cómo llegar a ellas por el obrar propio en el tiempo más breve posible. La forma de obrar en el caso singular depende de las representaciones o conceptos que el ser humano tiene del bien común o del progreso cultural. Cuánto más rasgos ideológicos tiene este obrar, tanto más extremo imperdonable y no individual llegará a ser, como por ejemplo en las consignas aparentemente tan idealistas de los nazis como “el bien común esta ante el bien individual”, en las cuales en última consecuencia el individuo es borrado. En correspondencia ésto también es válido para el paradigma ético - económico de la eficiencia y del carácter relativo de las condiciones económicas. Solamente allí, donde el individuo acepta el desafío de posicionarse en forma personal e intuitiva, puede obrar orientándose en la situación según el contexto. En esta situación la individualidad humana queda involucrada pudiendo identificarse en forma máxima con su modo de obrar. Si ésto está dado, este compromiso puede llamarse amor – y congruye la libertad propia con la libertad del otro.

Steiner llama “individualismo ético” al punto de vista realizado de este modo individual y ético, que arraiga en el mundo del pensar intuitivamente accesible, al cual también pertenece la percepción mental del propio yo (7, pág. 160).

El yo activo y real del ser humano extrae así los motivos de su obrar en ese mundo del pensar. Pero por el sentimiento de amor hacia los motivos estos se convierten en algo totalmente propio y personal y en consecuencia el ser humano vivencia su obrar como determinado por sí mismo y con ello libre. Las normas éticas van a permanecer como una obligación en la consciencia del actuar o en el actuar por sentido del deber hasta que yo mismo y a partir de mi mismo vuelva a encontrar normas y valores acordes a la situación especial, en la que yo quiero actuar. En ese momento surge el individualismo ético a partir de la normativa ética. El trabajo con esta postura básica de ética también determina, en forma correspondiente, el quehacer cotidiano de los médicos antroposóficos. Porque en el centro de este individualismo ético está la comprensión fundamental, de que todos los seres humanos con su pensar arraigan en un mismo pensamiento o mundo de ideas – y por ello la comprensión mutua profunda siempre es posible, si uno quiere comprender al otro.

Vivir en el amor a la acción

Un lugar central en la formación en medicina antroposófica ocupa la comprensión global de la autonomía así como la autoeducación y la reflexión de los terapeutas, de las enfermeras y de los médicos. De allí surge la seguridad de colocar al paciente en un lugar central, para poder responder a sus necesidades en cada caso individual. A partir de esta situación puede lograrse un juicio real, que corresponda tanto a la situación concreta, como también al contexto de valores y a la propia consciencia. Vivir individualmente estas posibilidades es la condición para las acciones libres – que en el sentido ya mencionado son acciones del amor. Recién cuando amo una acción puedo compenetrarme con convicción con ella y puedo realizarla a gusto. Ésto a la vez significa para el otro, al que se dirige mi acción, que pongo a su disposición todo lo que tengo de conocimiento y posibilidades para su situación. Si tengo la voluntad de entender al paciente, está dada la posibilidad de que él mismo se sienta comprendido en forma real y con ello sentirse respetado en su autonomía – incluso en situaciones de gran necesidad. Rudolf Steiner resume este doble aspecto de una acción libre así: “Vivir en el amor a la acción y dejar vivir en la comprensión de la voluntad ajena es el precepto moral básico de los seres humanos libres.” (7, pág. 271) En la relación terapéutica este precepto moral puede acompañar el camino hacia un desarrollo abarcante de la empatía y ser condición previa para la educación de las intuiciones terapéuticas.

1 Glöckler M, Girke M, Matthes H. Anthroposophische Medizin und ihr integratives Paradigma. In: Uhlenhoff R (Hrsg.) Anthroposophie in Geschichte und Gegenwart. Berlin: Berliner Wissenschafts-Verlag; 2011.

2 Steiner R, Wegman I. Grundlegendes für eine Erweiterung der Heilkunst nach geisteswissenschaftlichen Erkenntnissen. GA 27. 7. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1991.

3 Steiner R. Die Erziehungsfrage als soziale Frage. Die spirituellen, kulturgeschichtlichen und sozialen Hintergründe der Waldorfschul-Pädagogik. GA 296. 4. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1991, S. 93.

4 Arendt H. Vom Leben des Geistes. Das Denken. Das Wollen. München: Piper; 2008, S. 14.

5 Glöckler M. Ethik des Sterbens und Würde des Lebens - Versuch einer anthroposophischen Stellungnahme zum assistierten Suizid. Der Merkurstab 2010;63(5):408-420.

6 Selg P. Der therapeutische Imperativ Rudolf Steiners - Zur ärztlichen Ethik. Der Merkurstab 2010;63(5):443-447.

7 Steiner R. Die Philosophie der Freiheit. Grundzüge einer modernen Weltanschauung. GA 4. 16. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1995, S. 160.

8 Skinner BF. Jenseits von Freiheit und Würde. Hamburg: Rowohlt; 2018.


Research news

Practiced-Based Research of Complementary and Integrative Therapies for Pain Management in Clinical Settings
This systematic review identified 23 studies (including 8464 patients) that fulfilled the quality criteria for evaluating individualized complementary and integrative pain therapies. The studies included chiropractic, acupuncture, multimodal individualized intervention/programs, physiotherapy and anthroposophic therapies. Retention rates ranges from 53% to 91%. Although all studies reported beneficial impacts on various pain outcomes, but future practice-based CAM and IM research should be more comprehensive and scientific. Results, recommendations, and the call to action are available at:
https://doi.org/10.1093/pm/pnab151