Desarrollo de los miembros constitutivos humanos entre la concepción y el nacimiento

En lo siguiente se intentará describir, en base a la antropología dada por Rudolf Steiner y teniendo en cuenta la investigación en la embriología, una imagen integral del desarrollo embrional y fetal del ser humano, abarcando todos los aspectos que conforman el cuerpo del ser humano (1). La medicina antroposófica habla aquí de “miembros constitutivos”, para aclarar de que se trata de cuatro aspectos diferenciables, al mismo tiempo ontológicos, que de por vida están relacionados con el ser humano (2). Entender la función y el significado de las envolturas embrionales del ser humano bajo este aspecto puede influir en la práctica del acompañamiento del embarazo y de la obstetricia.

Concepción física

La concepción del ser humano físicamente es un fenómeno estudiado en detalle. Tanto los espermatozoides que después de la eyaculación penetran rápidamente a través del útero en la trompa uterina así como los huevos o cigotos liberados por el proceso de ovulación representan “células sexuales extremadamente diferenciadas unilateralmente y en cierto modo ya en el proceso de muerte” (3). El tiempo de sobrevida del óvulo sin fertilizar es de 24-36 horas. Frente a ello el cigoto, el óvulo fecundado “origen del nuevo individuo, en el cual se halla (potencialmente) contenido todo lo que luego formará el nuevo organismo no agrega más nada. El cigoto ya es (funcionalmente) el todo. La evolución posterior se produce con ello siempre desde el todo hacia las partes y no por adición de células separadas, así como se construye una casa, poniendo un ladrillo sobre otro. Aun cuando en el cigoto no se puede reconocer nada “humano” (exteriormente), el todo ya está (funcionalmente) presente y ya muestra sus enormes potencias en los primeros pasos evolutivos.” (3)

Todo ser humano puede preguntarse: ¿Quién me ha concebido? Profundizando esta pregunta, que no sólo quiere saber del origen de su presencia física, sino del origen de su yo, su individualidad. ¿son mis padres los que “me hicieron”? Padres que tienen varios hijos se percatan ya desde el principio de la diversidad entre ellos. La creencia en la reencarnación es ya muy antigua desde el punto de vista de la religión y de la historia cultural. Con ello el pensamiento de que la individualidad humana no es concebida por los padres físicos, sino que demuestra un pasado mucho más extenso, arraiga y posibilita un entendimiento más amplio de esta diversidad tan importante más allá de las circunstancias corporales, emocionales y sociales. A nivel mundial y también en Alemania muchos seres humanos comparten esta convicción – como algo llamativo en este contexto.

Formación de envolturas embrionales

En una notable coincidencia con el ritmo de la semana, que se halla presente en el mito de la Creación del Génesis, el cigoto fertilizado se mueve en el útero y comienza a implantarse al 6to. día en su pared; la “ implantación” completa del embrión se produce al 7o. día. El embrión humano se halla intensamente relacionado con el organismo materno y queda totalmente incluido en el tejido uterino (nidación intersticial), a diferencia de la implantación en los primates. En la segunda semana de vida del embrión se destaca un desarrollo fuerte, total, de las envolturas embrionarias, una tendencia evolutiva “en principio retenida, en cierto sentido centrípeta del embrioblasto, del que más adelante surge el cuerpo del embrión” (3). En la disposición del embrión se diferencia ya desde la 2a. Semana un “arriba” (epiblasto) y un “abajo” (hipoblasto). La actividad temprana del crecimiento embrionario se halla fuertemente orientada hacia el entorno que se manifiesta por su anidación total y por el hecho de que su envoltura más externa, el corión, se relaciona en forma más íntima y abarcante con el organismo materno que cualquier otro ser viviente. El concepto de unión se desarrolla aquí en un sentido fisiológicamente inmediato. Es así que se desarrollan primeramente las envolturas embrionales, las partes del cuerpo del embrión (trofoblasto) que perderá luego con el nacimiento físico, pero que al comienzo “ejercen todas las funciones orgánicas del embrión” (3).

El embrión forma en total “cuatro sets de membranas” (4):  

La membrana vitelina , que se forma de la parte inferior de la hoja blastodérmica del cuerpo del embrión (hipoblasto, endodermo embrional) es importante para la transferencia nutritiva, al principio, en la 2a. y 3a. semana del embarazo del ser humano. Al inicio de la 3a. semana del embarazo comienza la formación de sangre en esta membrana, antes de penetrar al embrión. La membrana vitelina participa en la formación del intestino y en su pared permanecen aún las células de los primeros gérmenes, separadas tempranamente, antes de llegar a las glándulas germinativas (5) y forman la base para la concepción de un descendiente físico-corporal.

El amnios proviene de la hoja blastodérmica superior del cuerpo embrional (epiblasto, ectoderma embrional) y rodea al embrión como una envoltura transparente, pero firme. Posibilita, en general a todos los embriones de animales vertebrados que viven sobre la tierra, a que en la primera etapa de la evolución, el cuerpo pueda desarrollarse bajo condiciones de ingravidez, semejante a la vida en el mar, flotando libremente. El líquido amniótico, claro, se semeja en su composición al líquido cefalorraquídeo (que se separa del amnios). El líquido amniótico hace posible una distribución uniforme del calor, como al “baño María”, un crecimiento simétrico y sobre todo permite el desarrollo de la redondez esférica de la cabeza, permite el desarrollo pulmonar fetal y participa en el mantenimiento de la homeostasis líquida (5). El crecimiento normal del feto depende hasta el momento del nacimiento de la función intacta del amnios. Terapéuticamente (6) interesante es su significado para el fenómeno de la cicatrización, sin dejar huella, durante los dos primeros trimestres del embarazo; protege al feto de heridas y en el presente con frecuencia es objeto de una lesión iatrogénica debido a las amniocentesis.

La alantoides se forma en la región “inferior y posterior” en la región de la futura vejiga urinaria y se invierte en el ser humano en el mesénquima del tallo de adhesión, que relaciona el cuerpo embrional con la hoja blastodérmica exterior, el corion. En las aves y en los reptiles la alantoides, en forma de una vejiga urinaria extraembrionaria permite la excreción urinaria de productos que contienen nitrógeno y restos potencialmente tóxicos del metabolismo proteico. Estos recipientes formados a partir de la alantoides posibilitan, por ejemplo, al embrión de gallina la respiración, al adherirse la alantoides a la superficie interior del corion, produciéndose una vascularización pronunciada de la membrana en formación y por la cáscara calcárea porosa del huevo de gallina hay un intercambio gaseoso y también una asimilación del calcio a partir de la cáscara. Con ello la respiración inicial del embrión es extraembrionaria y se produce a través de este órgano. En el ser humano esta función se metamorfosea, ya que de la alantoides parte la vascularización del cordón umbilical y de la placenta (formación corioalantoidea de la placenta del ser humano), estabilizando con ello el tallo de adhesión y el cordón umbilical que se forma a partir de ello en forma decisiva, posibilitando la función central. El cordón umbilical es móvil y permite la comunicación entre el centro y la periferia del embrión posibilitando la respiración y la excreción y con ello queda, como la forma permanente de la alantoides, como tercera envoltura embrional (7). Su libre movimiento y función se deben al líquido amniótico.

El corión rodea al embrión completamente, lo mismo que sus otras envolturas y crece rápidamente hacia el interior del tejido uterino materno. Lo hace en forma más profunda que cualquier otra placentación animal conocida (8): “The deep invasion appears to be uniquely human phenomenon among higher primates and challenges our perception of the physical extent of the placenta” (9). Durante este proceso cambia profundamente su figura. Al principio penetran las vellosidades (papilas) primarias hacia todos los espacios huecos y se llenan con sangre materna. Esta formación inicial del órgano concluye en la 8a. semana de gestación y durante el paso a la etapa fetal, la placenta detiene su crecimiento y limita el crecimiento de las vellosidades primarias formando la placenta en disco hacia el fin del tercer mes del embarazo. La masa del corión predomina al principio ampliamente a la masa del cuerpo embrional pero al momento del parto solo es de un séptimo del peso fetal (500 g).

La función universal de la placenta durante el embarazo

La placenta regula inicialmente la temperatura del embrión (3, pág. 38), que es 0,5°C más alta que la materna y frena luego la producción del calor fetal por el tejido graso propio, hasta el parto. A través de la circulación del cordón umbilical regula el calor metabólico del feto y actúa así “equilibrando” en ese sentido la temperatura fetal (11, 12). La placenta regula la oxigenación, que es lentamente se va elevando (sobre todo en la etapa de la organogénesis) (9), y posibilita la excreción de productos metabólicos. Protege al embrión de infecciones, pero al mismo tiempo desarrolla durante el desarrollo del embarazo un microbioma bacteriano, que sorprendentemente se asemeja al microbioma de la cavidad bucal de la madre (13) y que tiene un papel importante en la maduración inmunológica. La relación de las enfermedades periodontales de la madre con los riesgos de un parto prematuro ya son conocidas empíricamente desde hace tiempo (13, 14) y por ello el gran valor atribuido al cuidado dental durante el embarazo.

La placenta forma más de 100 péptidos y hormonas endócrinas activas, que van transformando el organismo materno y ayudan a regular la circulación uterina de la sangre. En ese proceso se entrecruzan las formaciones de hormonas placentarias con las fetales: La hormona DHEA-S (Sulfato de dehidroepiandrosterona), que en principio es formada por la corteza adrenal (15), se transforma en la placenta en estrógenos y dirige el mantenimiento de la perfusión uterina aumentada en el organismo materno. Así se estabiliza la unidad feto - materna (16). La placenta ejerce una marcada influencia sobre el eje hipófisis-corteza adrenal en la madre y en el feto, al sesionar ella misma la hormona CRH (hormona liberadora de corticotrofina), sobre todo en el organismo materno, pero también en el organismo fetal, lo que activa la formación de cortisol en la corteza adrenal. Al mismo tiempo modula hasta poco antes del parto su acción libre por una proteína correspondiente (CRHBP o proteína de unión al factor liberador de corticotropina). La formación placentaria de CRH solamente se produce en primates y seres humanos. Es importante tener en la consciencia que la placenta es un órgano del feto. La cascada hormonal, que fisiológicamente inicia el parto humano, toma su comienzo en un aumento de CRH placentario y una disminución de CRHBP (17).

La placenta ejerce también en el transcurso del embarazo la función de un corazón periférico, que ya fue descrita por de Langen (18) y Schad y se resume de la siguiente manera: “El reflujo venoso sucede en la circulación fetal como en la materna por contracciones y dilataciones peristálticas de las vellosidades (papilas) de la placenta, (...) exclusivamente por la suma de todos los capilares del lado embrionario. Sus vellosidades se estiran y acortan hasta alcanzar el doble de su longitud y al acortarse sólo medir la mitad de ella, siempre sumergidas en la sangre materna. (...) En ello la placenta evidencia el aspecto de un corazón periférico propio.” (8). Es llamativo que el corazón embrionario se forma extraembrionalmente en la 3a. semana de gestación (“antes” del principio de la cabeza) y en la 4a. semana de gestación se incorpora al cuerpo embrionario (3). La función metabólica de la placenta es de vital importancia para la alimentación del embrión, junto al intercambio y transporte de los nutrientes maternos. - No es fácil determinar el límite, la “interface” entre la participación embrionaria y materna. Esto se evidencia al soltarse, por ejemplo, grandes cantidades de exosomas (nanovesículas altamente estables) hacia la circulación materna que influyen considerablemente la fisiología materna (9). Visto así, el germen embrionario infiltra todo el organismo materno desde la placenta. Trastornos en este proceso de infiltración, que puede ser considerado como un diálogo entre el organismo materno y del niño, pueden ocasionar una gestosis.

La placenta no contiene un sistema nervioso, tampoco se osifica fisiológicamente, mientras que en el embrión el desarrollo de la cabeza, de los órganos sensoriales y del sistema nervioso aparece en forma muy prominente. Se puede meditar una imagen que en su totalidad puede manifestarse en el sentido de “centro y periferia”. La placenta incluso puede aún permanecer vital, cuando el embrión muere (huevo huero).

Rohen y Lütjen-Drecoll establecen, después de describir las envolturas embrionales y sobre todo la placenta, un primer balance, que para nuestra relación es importante: “Aquí vive – funcionalmente - ya todo el organismo, con sus procesos vitales futuros, no ya en órganos separados, sino en el entorno y sin diferenciaciones orgánicas. (...) Desde este punto de vista puede considerarse la formación posterior del embrión como una “inversión (volver al revés)” un espacio corporal interior, en lo cual los procesos primeramente difusos, como “esfera”, pasan a órganos separados. Realmente se ve que la placenta se va degradando a medida que los órganos embrionales se separan de ella y se van desarrollando y funcionando dentro del cuerpo del embrión. El parto en consecuencia tiene que producirse en el tiempo en el cual todos los procesos funcionales han pasado al feto (de algún modo introducidos) y con ello “abandonan” el campo. Con ello la placenta, que fue lugar de los procesos primarios orgánicos, resulta superflua.” (3)

Con esto se define que fisiológicamente el embarazo es un proceso de continua interiorización desde el entorno, en el cual el niño en gestación desenvuelve su actividad vital. Describimos estos procesos en forma detallada para poder entender esta imagen muy precisa, un modelo, que a nivel superior del ser humano se va a seguir desarrollando luego del nacimiento y en la niñez. Se puede describir al niño como un ser que ejerce las funciones esenciales no en forma autónoma, sino dependiente de su unión vital con el entorno, que va interiorizando a través de la relación (“anidamiento”, unión) con el entorno.

Paulatinamente desarrolla funciones y desenvuelve su diferenciación interior, hasta soltarse de su entorno humano, del que dependía esencialmente, en un proceso crítico de separación: el “parto”.  Luego, como ser humano adulto se vuelve autónomo, se individualiza, alcanzando, frente al reino animal, dimensiones únicas en cuanto a independencia interior y libertad. Lo que el desarrollo embrional muestra físicamente posteriormente se realiza en forma de otros “nacimientos” en las distintas etapas biográficas del ser humano hasta el “nacimiento del yo”, al final de la adolescencia. Esta es la tesis sobre la que se basa esta descripción.

Las envolturas embrionales y los miembros constitutivos del ser humano

Rudolf Steiner, iniciador de la medicina antroposófica, describe en la conferencia del 27.10.1922 que dio base al desarrollo de esta medicina, cuatro sistemas centrales: “un sistema organizado físicamente, un sistema organizado etéricamente [...] un sistema organizado astralmente y aquello que caracteriza al ser humano como verdadero sistema del yo”. En esta conferencia también describe el sistema renal en detalle y dice: “[...] para conocer todo el desarrollo humano, habría que estudiar con más exactitud los órganos durante su desarrollo embrionario, que los procesos, que resultan por división de las células germinativas” (19) y nombra directamente los ejemplos “alantoides y amnión”. Si se sigue con el tema de esta conferencia, se puede llegar a la pregunta, si Steiner ve “en las cuatro envolturas embrionales aún representantes físicos directos de estos cuatro sistemas” (7), que luego del nacimiento, con la pérdida de las envolturas embrionales, con excepción del cuerpo físico ya no son perceptibles en forma directa en su realidad total. ¿Pueden el médico y el estudiante de medicina, al estudiar las envolturas embrionales, en la forma más íntima posible considerar lo que la medicina antroposófica denomina los miembros superiores constitutivos del ser humano? En 1924 Rudolf Steiner lo formula directamente: “Es así, que hay que saber: el amnios es la correlación física del cuerpo etérico, la alantoides es la correlación física del cuerpo astral, el corion es la correlación física de la organización del yo...” (19).

Se nombran los principios que actúan desde las envolturas embrionales (alantoides, corion), no los órganos resultantes como el cordón umbilical y placenta (7). No se nombra la vesícula blastodérmica. La embriología moderna confirma, de la manera como fue presentado aquí, la importancia de las envolturas embrionales, que ya Steiner había señalado.

Resumiendo se obtiene:

La vesícula blastodérmica se halla en estrecha relación con el aspecto físico del cuerpo (alimentación, aspectos genéticos). En la evolución de los vertebrados representa en los peces la única envoltura extraembrional. Su función es completamente interiorizada aún en el útero, mientras que las otras tres envolturas o sus derivados continúan hasta el nacimiento en su función extraembrional/fetal.

El amnión puede considerarse como la envoltura “portadora de vida” del embrión. Percibe su función central por su contenido en líquido amniótico. Anula casi por completo la fuerza de gravedad de la tierra. La vida está ligada al agua y se caracteriza por la superación de la fuerza de gravedad, como ya se ha observado en todo lo relacionado a la circulación de savia en los vegetales. Es evidente la relación con la organización vital, el cuerpo etérico. Todos los vertebrados terrestres a partir de la evolución de los reptiles desarrollan un amnión y una alantoides.

Los derivados de la alantoides, los vasos del cordón umbilical y (partes de) la vejiga urinaria se hallan en relación a la organización animal-dotada de alma, en la antroposofía denominada cuerpo astral. La excreción y la respiración son desde ya características centrales de organismos dotados de alma. Es llamativa la relación con el nitrógeno en el desarrollo evolutivo de este órgano (16), que tiene un papel importante en reptiles y aves. El cerdo aún tiene una gran expansión en forma de una vejiga extraembrional (“vejiga salchicha”). La interiorización del nitrógeno en forma de proteína animal (16% de nitrógeno) y de una multitud de hormonas que contienen nitrógeno (entre otros adrenalina, ACTH) se halla en una estrecha relación al movimiento (proteína muscular) y la consciencia. La actividad renal, ligada a la excreción de nitrógeno, va paralela en su ritmo de actividad con la consciencia y el movimiento. La relación del nitrógeno con el aire – la atmósfera contiene 99% del nitrógeno total de la tierra, una concentración peculiar “extraterrestre” de los elementos que constituyen la tierra – y finalmente las propiedades del nitrógeno en relación a la formación de venenos (alcaloides, cianuro) y sus aplicaciones ambivalentes en la técnica – desde el abono hasta los explosivos – muestran su perfil muy característico: tensión, ambivalencia, pero con ello también una vida interior de sensaciones e impulsos, relacionados con las cualidades anímicas mencionadas.

El corión y la placenta que parte de él, representan sin duda el órgano envolvente superior para la evolución embrional y fetal humana. Al mismo tiempo que realiza el vínculo con la madre, toma la función guía. La placenta integra los procesos fisiológicos extraembrionarios y embrionarios, ligando el feto con el organismo materno en una unidad feto-maternal. Se diferencia llamativamente de la fijación placentaria a priori de los otros mamíferos y atraviesa “en los primeros tres meses en forma equilibrada todos los estados de placentación universal hasta llegar a la centrada” (8). La relación con el calor se hace evidente, ya que la formación de la placenta es específica para los mamiferos, en esta evolución animal el crecimiento embrional-fetal se puede realizar en el interior del cuerpo regulado en forma homeoterma y es muy parecido al ser humano: los mamíferos. En una forma única de exactitud de detalles e imágenes Schad y Brettschneider han descrito la evolución placentaria en los mamíferos y en el ser humano (20). En este texto han señalado en forma repetida las características específicas de la placentación humana.

Si se admite que, para la formación del embrión humano así como para la conformación del diálogo feto-materno la placenta es de suprema importancia, entonces se comprende bien lo que señala Rudolf Steiner de la correlación de este órgano a la organización del yo. Para la acción en conjunto de la organización del yo, del cuerpo astral, cuerpo etérico y del cuerpo físico, como resultado de esta contemplación, se evidencia que los miembros constitutivos del feto están “conectados en serie” y actúan conjuntamente. Partiendo de la placenta, y con ello de la organización del yo, el cordón umbilical sirve de intermediario entre la polaridad de periferia y centro, envuelve y porta el amnios con los procesos vitales del embrión, cuyo cuerpo físico – que pronto asimila los derivados del saco vitelino – es alimentado a partir de las envolturas y permite el desarrollo físico en formas finamente articuladas y bien diferenciadas, hasta la paulatina deposición de sales de calcio en los huesos y los dientes. Luego del nacimiento nos encontraremos con otras formas de interacción de los miembros constitutivos

La individualidad del niño no nacido

En primer lugar está la pregunta: ¿Qué se puede comprender como yo, organización del yo y con ello presencia del yo en el tiempo embrional? ¿El embrión tiene un yo? La embriología humana habla de la “individuación” del embrión y se refiere a un hecho específico en la mitad de la tercera semana de gestación. En esa semana, a través del desarrollo de un tercer tejido original (mesodermo) en el embrión (entre el cotiledón “exterior” e “interior”, ectodermo y endodermo) se forma el eje corporal, con la determinación adelante/atrás. Aproximadamente en el medio de la superficie de los cotiledones se fusionan endo-y ectodermo en una sección en forma de banda (banda primitiva). A partir de esta región entre ecto-y endodermo, se forma una corriente celular y en ella el principio de la cuerda dorsal (chorda dorsalis), la notocorda. “Por primera vez el material germinativo se orienta hacia una figura corporal futura. Con la formación de la notocorda se (...) decide que del embrión desarrollado hasta este momento se formará un individuo” (21). Esta “individuación” del embrión se produce en el día 17 del embarazo; a partir de este momento ya no es posible una formación gemela. La Chorda dorsalis, traducida como “la cuerda de la espalda” es el punto de partida de otros procesos decisivos formativos del cuerpo humano. El concepto “cuerda” se relaciona notablemente con la columna vertebral que de por vida es móvil y flexible. Directamente de la cuerda dorsal surge el núcleo pulposo, la masa principal elástica de los discos intervertebrales. En la Chorda se puede ver el origen de la columna vertebral en el ser humano y con ello la relación con la posición erguida (22).

Desde la visión antroposófica el yo del ser humano es una realidad espiritual, que no es gestada por los padres físicos del niño y no se disuelve con la muerte del organismo. “El yo del ser humano tiene la tendencia a evolucionar. (...) Para la medicina antroposófica esta evolución se halla unida inseparablemente con las vidas repetidas”.(2). El ser humano es comprendido como una individualidad que se encarna, se desarrolla y tiene otro origen que el “cuerpo modelo”, físico, heredado de los padres (23) (explicación en las fuentes primarias de Rudolf Steiner, 24). Steiner lo manifestó así, según su investigación científica, en varios textos de sus conferencias: “En los primeros días luego de la fecundación actúa (...) la individualidad espiritual, que desciende, aún no en el desarrollo del ser humano físico, pero ya está (...) relacionada con el embrión en evolución. La intervención sucede unos 18, 19, 20 y 21 días luego de la fecundación; allí lo que ha descendido de un mundo superior trabaja ya con el ser humano en devenir.” (25) compárese también con (24).

Resulta de esto una coincidencia sorprendente de los resultados de las ciencias espirituales de Steiner con el estado actual de la investigación embriológica, que recién considera la evolución realmente individual (literalmente: indivisible) del cuerpo que ha de nacer a partir del día 17 post concepción. Aquí la medicina antroposófica considera que la individualidad humana surge de un principio anímico-espiritual, que ya ha pasado por vidas terrenales anteriores y con ello ya atravesó procesos de individuación, que determinan en forma decisiva la organización del yo referida al cuerpo, la organización del alma y también la organización vital, uniéndose en la segunda mitad de la tercera semana de gestación con el cuerpo físico heredado de los padres. Aquí se puede hablar de una especie de “segunda concepción”.

Si se sigue el concepto aquí presente, entonces a partir de este suceso, la individualidad humana – que en su ser no desciende de sus padres – ya está presente físicamente y formando su cuerpo, aun cuando para el niño este proceso es totalmente inconsciente. Con ello se relaciona lo expresado que el yo prenatal-pre terrenal del niño es activo en el organismo materno y lo modifica – y este efecto puede ser sentido por la madre, en forma consciente o inconsciente. Hay una gran diferencia si la vivencia del embarazo es considerada por la madre como proceso “meramente” fisiológico, o si lo puede vivenciar como el encuentro real, corporal de dos individualidades. Es muy probable que los pensamientos de la madre sobre su embarazo influyan en lo que siente el niño, y qué las molestias que ella desarrolla, pero también las soluciones que ella puede aportar – por ejemplo, en un diálogo interno con el niño - puedan ofrecer una apertura terapéutica importante.

¿Qué significa que la placenta, como órgano primario, sea considerada como la intervención de la organización del yo en el niño aun no nacido?

¿Este punto de vista puede ser un correctivo para la imagen del yo humano, que en las sociedades de estilo de vida occidental esencialmente es considerado como la impronta del ego psíquico? Porque es obvio que el yo, en procesos inconscientes va construyendo la corporalidad y que esto no tiene mucho que ver con el ego. Se puede intentar una tesis, según la cual el ego psíquico es una presencia que se manifiesta entre el nacimiento y la muerte, pero que no puede reclamar para sí una realidad ni antes ni después – en ese sentido, y de acuerdo con la cosmovisión budista, representa una consciencia ilusoria, que, a través de la meditación quiere ser superada.

El ego sufre por su alejamiento del mundo. “Se encapsula fácilmente en sí mismo. Piensa, representa, planea, espera mucho según modelos creados por él mismo (...)” Steiner describe al yo superior como abierto al mundo, relacionado con el mundo. Sabe que se debe al mundo, para decirlo con Goethe (...) El yo referido a sí mismo se vivencia como céntrico, en caso extremo, egocéntrico. El yo verdadero es interés puro por el mundo y vive en la apertura al mundo; es el yo social, capaz de la vivencia del tú. Este concepto dual del yo humano puede ser un paradigma que permite una mejor comprensión de los procesos embrionales humanos. (...) Por un lado encontramos en el embrión la formación de espacios interiores biológicos con órganos separados, por el otro la orientación hacia el derredor por los órganos universales de envoltura – igualmente formados a partir del mismo tejido. De esta manera la organización humana se manifiesta en forma dual ya antes del nacimiento: tanto en la orientación hacia el entorno, como en la relación a sí misma. Es una corporalidad más completa para ambos gestos de lo humano que la que posee después del nacimiento”. (8) Por otro lado el camino a la libertad y la autonomía significa necesariamente un despojarse de los órganos de las envolturas: “Antes del nacimiento la organización de las envolturas es más autónoma que el niño. (...) Luego del nacimiento sin embargo el niño es más autónomo que los órganos de envoltura” (8) Esta etapa se nos presentará también, luego del nacimiento, en los niveles superiores.

El ser humano moderno ve en forma múltiple su cerebro como órgano central – a pesar de ello, cuando se nos pide señalarnos a nosotros mismos, generalmente nos señalamos el pecho y no la frente. La placenta libre de nervios, de actividad anabólica, consubstanciada con el intercambio con el medio ambiente, representa una “casa del yo” diferente que el cerebro. Puede ser significativo para el médico, para los padres, pensar de este modo sobre las envolturas del embrión.

Añadimos un último punto de vista trabajado también por Schad: el embrión humano es el embrión mejor envuelto y con la protección más cuidadosa. Ya se señaló el anidamiento completo en el tejido uterino. En el transcurso de la evolución la formación de las envolturas se ha ido desarrollando en forma cada vez más compleja, desde los huevos de rana y los huevos de saurópsidos hasta las que posee el embarazo humano. ¿Qué significa, si hoy, en el marco del diagnóstico prenatal, esta formación de envolturas no se tiene en cuenta?  ¿Se considera el yo real presente tanto en el embrión como en sus envolturas? ¿Qué significa entonces el diagnóstico a través del ultrasonido, o de una amniocentesis? En especial, porque el yo no solo percibe hechos, sino ante todo intenciones. Es un deseo importante conformar la medicina prenatal de modo tal, que involucre totalmente la dignidad humana en todos los involucrados en el proceso. Sabemos hoy que el niño que aún no ha nacido refleja en su formación y en forma eminente la vivencia anímica del entorno, ya sea el stress de la madre u otras influencias que pueden alterar o irritar el proceso embrional constructivo, por ejemplo, la conformación del cerebro (16).

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Research news

Pilot study on the clinical effect of yarrow liver compresses
Liver compresses are commonly applied in integrative cancer treatment and are believed to have an energizing effect. A randomized pilot study was conducted to investigate the influence of yarrow liver compresses on the autonomic nervous system by analyzing heart rate variability in metastatic cancer patients undergoing radiotherapy and suffering from cancer-related-fatigue. The study found that this application led to increased sympathetic activity during daytime in the intervention group, whereas in the control group, which did not receive any external application, increased parasympathetic activity. The study is open access:
https://doi.org/10.1177/15347354221081253