Del buen sueño y cómo los niños aprenden a encontrarlo

Fisiología, cuidado y posibilidades para la regulación del sueño infantil

Este artículo pretende dar consejos a familias jóvenes y al personal especializado en el cuidado de niños pequeños para aprender a regular el sueño de éstos.

Bajo https://www.anthromedics.org/PRA-0547-EN encontrarán un video corto al tema “aprender a dormir”.

La confianza original se convierte en autoconfianza, el significado de la autoregulación

En el vientre materno el niño tiene la protección máxima, recibe completamente todo lo necesario, el mundo exterior está lejos, por ejemplo, la gravedad, que está totalmente excluida. El entorno físico, social y espiritual actúan sobre el niño y lo cuidan. A partir de esta experiencia crece en el niño la fuerza de la confianza original. Con el nacimiento comienza el proceso primigenio de independencia en el ser humano y con ello el desarrollo hacia la libertad. A partir del parto comienza la necesidad de la autoregulación. Para el niño es una necesidad básica obrar por sí mismo. Cuánto más puede colaborar en las situaciones de su vida y cobrar consciencia de su propio actuar, tanto más crece en él una nueva fuerza de la confianza, la autoconfianza.

Son pasos importantes para la autorregulación, en la edad del lactante, poder desarrollar los procesos en el ámbito de la autorregulación vital: respirar, beber, comer, digerir, dormir, calor. También la posibilidad de calmarse a sí mismo, a través del establecimiento del bienestar corporal propio. En la edad infantil el desarrollo de la autoregulación emocional es primordial, así como el manejo de la alegría, la tristeza, el miedo y la rabia. En la adolescencia esto se potencia hacia los procesos de la autoregulación motivada. A esta edad el ser humano aprende en forma creciente a gobernar por sí mismo los ámbitos de atención, interés, motivación, rendimiento y disciplina. Ante todo los padres actúan en forma determinante en estos procesos, siendo ejemplos y conformando el ambiente de aprendizaje.

Los cuatro campos de vida del ser humano y su significado para la regulación del sueño

Todo niño recién nacido tiene que aprender a sentirse arraigado en tres campos terrenales de vida: primero, en su propio cuerpo, segundo en su entorno espacial y tercero en su medio ambiente social. Cuánto más “en su casa” se sienta el niño en estos campos vitales y cuánto mejor sea el cuidado brindado por su medio ambiente, tanto más sano y libre podrá desarrollarse. Ésto es válido para todos los ámbitos de vida.

El cuarto campo vital traído por los seres humanos a la tierra es su ser espiritual. Si durante la vida éste recibe la debida atención y cuidado, por ejemplo por meditación, la salud del ser humano es fortalecida en forma duradera (1).

De todos estos factores resultan en indicaciones para el desarrollo sano del sueño y para la intervención terapéutica de los trastornos del sueño (ver: https://www.anthromedics.org/PRA-0657-EN). 

Fundamentos fisiológicos de la regulación del sueño

Dormir es una necesidad vital. Durante el sueño se posibilita la regeneración del organismo, actúan las fuerzas sanadoras y anabólicas y es en esta etapa que el cuerpo del niño crece. La memoria cognitiva e inmunológica dependen del sueño. Lo aprendido es examinado y acumulado, las vivencias anímicas del día son elaboradas. Si el sueño se halla perturbado en forma permanente, estos procesos elementales no pueden transcurrir en forma sana. Perturbaciones importantes y síntomas de enfermedad pueden manifestarse como desasosiego, llanto frecuente, alteraciones de la memoria y de la concentración, propensión a las infecciones, alteraciones de la alimentación, falta de peso o exceso de él, alteraciones del crecimiento y del bienestar (2). Los trastornos en el sueño que aparecen en el primer año de vida, como la dificultad para conciliar el sueño, interrupciones frecuentes del sueño, tiempos de sueño acortados, son ya en niños de dos años síntomas llamativos y a ellos se asocian la regulación emocional y de conducta (3). Los trastornos del sueño en el lactante actúan además sobre el estado de salud de los padres, dañando el lazo emotivo temprano entre padres y niño (4).

La duración del sueño es muy individual y varía entre las distintas personas. Es de ayuda encontrar la necesidad individual de las horas de sueño, porque si no se duerme lo suficiente o se duerme más de la cuenta puede tener consecuencias negativas sobre la sensación vital durante el día. La noche siempre influye en la calidad de nuestro día. Y viceversa, sabemos  que el día deja sus huellas en la noche. Los problemas en conciliar el sueño resultan con frecuencia como consecuencia de la conformación del día.

En los tres primeros meses de vida el recién nacido aún no posee un ritmo de sueño reconocible. Este ritmo comienza a instalarse en el cuarto mes de vida y recién a partir de los seis meses el tiempo de sueño mayormente resulta de noche. Estar despierto de noche y varios espacios de sueño durante el día son, hasta esa edad, nórmales. Con un año de vida el niño duerme en promedio, aún dos veces durante el día. La duración del sueño por día ya varía en forma pronunciada y se encuentra entre 11 y 17 horas. Paulatinamente se reduce el tiempo del sueño diurno a una vez por día. El sueño después del mediodía no molesta al sueño nocturno, si se le ofrece al niño a continuación del mediodía, de modo que el tiempo de vigilia durante la tarde sea más prolongado que a la mañana. Independientemente del dormir, es bueno para la salud, si el niño en edad de ir al jardín de infantes conserva la pausa del mediodía.

El sueño transcurre en ciclos definidos, presentando distintas fases en la profundidad de cada ciclo. Entre los ciclos el ser humano casi se despierta. Si en la fase del sueño superficial se llega realmente a despertar, ésto no es dañino y no interfiere en la calidad del descanso. Pero si el ser humano es despertado en las fases de sueño más profundo, es dañino para su salud. Un ciclo de sueño en lactantes dura unos 45 minutos, en el niño pequeño es de unos 60 minutos y en la edad adulta es de 90 minutos (2). De ello se deduce la posibilidad de interrumpirse el sueño mutuamente, si padres y niños duermen muy juntos, sobre todo después del primer año de vida, se interrumpen recíprocamente las fases del sueño profundo. A ello se agrega que en los lactantes, el despertar fisiológico entre los ciclos de sueño con frecuencia se acompaña con llanto.  Este llanto no es señal de malestar como hambre o dolor. Si se espera, el niño vuelve a dormirse rápidamente por lo general. Si se reacciona demasiado rápido o en forma intensa, el niño despierta del todo y el ritmo de sueño/vigilia no puede establecerse fisiológicamente (4).

La organización del ritmo regulado día-noche (el así llamado ritmo circadiano) dura los primeros dos años de vida. Factores externos como luz, estímulos acústicos, dedicación social, alimentación y rituales ayudan a establecer ese ritmo y mantenerlo. Esto quiere decir que se necesita de un cuidado para poder establecer y mantener el ritmo circadiano.

El 70% de los trastornos de sueño no están condicionados orgánicamente (5). En niños ese porcentaje podría ser considerablemente más alto. Los trastornos de sueño de origen orgánico requieren siempre un diagnóstico médico. Los trastornos no orgánicos pueden ser mejorados considerablemente por modificaciones en la conformación rítmica vital. En los trastornos del sueño en edad infantil es sumamente importante aconsejar a los padres.

Bases antroposóficas

Bajo consideración de las ciencias espirituales los procesos descritos durante el sueño se relacionan con lo anímico-espiritual del ser humano – cuya actividad en estado de vigilia posibilita la consciencia humana, las percepciones anímicas y el movimiento corporal volitivo, en el sentido más amplio – mientras que durante el sueño se retira a su mundo espiritual (no material) original. Ésto es de importancia vital porque la actividad anímico-espiritual se relaciona fisiológicamente con procesos catabólicos que de noche deben ser equilibrados por los correspondientes procesos anabólicos. Al mismo tiempo cada noche tienen lugar importantes procesos de cambio. Así, durante el sueño no-REM (rapid eye movement), ante todo durante la primera mitad de la noche, se sueltan conexiones sinápticas en el cerebro para producir nuevas conexiones, que se producen sobre todo en la fase REM (ante todo durante la segunda mitad de la noche). Mientras que durante el sueño se afirman las bases corporales para los procesos de aprendizaje duraderos, durante el día el niño trae con el despertar nuevos impulsos y fuerzas de orientación desde su patria espiritual (6). Nosotros también podemos vivenciar, cuando nos despertamos a la mañana, frescos y con nuevos impulsos, aunque quizas no en forma tan intensa como en el niño. La facultad de poder ir imprimiendo a la vida una forma propia, inconfundible – en lo corporal, lo anímico y lo espiritual – la debemos esencialmente a los procesos mencionados durante la noche.

Aprender a conocer lo rítmico entre la vigilia y el sueño durante la infancia es esencial para la salud, de por vida. Depende de la forma en cómo constituimos el día, para que la individualidad anímico-espiritual durante la noche pueda relacionarse con el mundo espiritual primordial y a través de ello pueda recibir las fuerzas necesarias de sanación, de orientación y de individualización. Es la tarea esencial del modo de vida antroposófico orientar esa vida humana en forma correspondiente.

Autoregulación y competencia del sueño

El ser humano por naturaleza está dotado de la capacidad de dormir. Esta capacidad es innata, pero la regulación del sueño debe ser aprendida.

Como todos los campos de la autoregulación, el sueño sano no puede surgir por comando. De la psicología evolutiva de la conducta de la alimentación se conoce, que un niño desarrolla disturbios alimentarios justamente cuando es obligado a comer. Así sucede también con el sueño. Si se obliga al niño a dormir, éste desarrolla con frecuencia una conducta de rechazo frente a situaciones, en las cuales su entorno espera que se duerma.

No se puede ordenar al niño que duerma. Mas bien es necesario que la situación del sueño se conforme como invitación positiva. Se requiere una invitación de resultado abierto. Queda en manos del niño si la acepta o no, la decisión está dada desde su autonomía. Como adultos somos conformadores de esta invitación y proponemos el marco externo. En ello es importante, que las señales que damos al niño sean claras y unívocas.

En el texto siguiente queremos presentar algunas sugerencias a los padres de cómo dar forma a esta invitación para el niño.

1. Condiciones corporales y fisiológicas para el buen sueño

El bienestar corporal es una condición previa para poder entregarse al sueño. A ello pertenecen en la edad del lactante y del niño pequeño:

  • Estar satisfechos (sin que se sienta llenos),
  • Un pañal seco,
  • Calor corporal equilibrado.

A esa edad la capacidad de la regulación del calor aún no alcanza para mantener la temperatura corporal de 37°C, que es necesaria para un crecimiento óptimo y la maduración de los órganos. Por eso el niño requiere en medida especial ropa que le posibilite una regulación adecuada de calor y humedad. Por otro lado hay que prestar atención para evitar que se produzca un sobrecalentamiento y humedad por transpiración. Según la zona climática, son aptos materiales naturales y no procesados como lana de oveja, seda o algodón.

Envoltura y límites – ropa, arropación, bolsa de dormir

La ropa sirve al niño no sólo como envoltura de calor, sino que lo protege del entorno. Los colores suaves y delicados en el ambiente en el que duerme evitan impresiones sensoriales que despiertan y animan. Envolver la cabecita con un gorrito es una protección con la misma importancia. Finalmente ayuda a los lactantes en la mayoría de los casos a calmarse cuando ellos mismos pueden percibirse a sí mismos y cuando se pueden contener los movimientos involuntarios de sus miembros (mover las piernitas, dar respingos). Para ello pueden envolverse las piernitas junto al cuerpo con un pañal de tela flojo, - si el niño está muy intranquilo – envolver también los bracitos (arroparlo). Las instrucciones adecuadas se encuentran el internet. Cuando el niño ya comienza a rotar (con unos 4 meses) no se debe arroparlo más, ya que no podría liberarse por sí mismo de una posición riesgosa. Antes de esa edad el arropar no es peligroso (7). Después de los 4 meses puede usarse una bolsa de dormir que pueda brindar sostén y envoltura.

Posición segura para dormir

La posición más segura para dormir en el primer año de vida es el decúbito dorsal. Un apoyo lateral de uno y otro lado es posible con una almohada baja o con una toalla enrollada, para que la cabecita del niño pueda adoptar una postura lateral y para que se vaya formando de modo equilibrado, cambiando los lados.

Chupete para tranquilizar

Los lactantes tienen la necesidad natural de succionar. En algunos casos puede ser tan grande que un chupete tranquilizador promueve la disposición al sueño. Por otro lado con el chupete posiblemente se provoque la experiencia de aprendizaje, que el sueño y la calma sólo se logran con medios artificiales. Ésto se contrapone a la postura primigenia, que toda la autoregulación puede ser aprendida a partir de uno mismo y en libertad, con un ejemplo positivo. Si se introduce el chupete, será indispensable por un tiempo, y más adelante sólo podrá ser despedido con lágrimas.  Recomendamos por eso, en primer lugar dar al niño la posibilidad de desarrollar sus propios métodos para calmarse. La mayoría de los niños pueden renunciar así al chupete.

El chupete tampoco debería ser sustituto del pecho de la madre. El niño tiene provecho de la experiencia segura, de que el pecho de la madre es confiable y se halla a su disposición. Junto a la gran importancia para la relación de enlace entre madre y niño y la óptima alimentación, tiene en toda la edad lactante la función de tranquilizar y dar sosiego. Para la autoregulación es importante que a la edad de lactante un poco mayor, el dormirse en el pecho de la madre no se haga costumbre lo mismo que chupar constantemente (ver también en: https://www.anthromedics.org/PRA-0859-DE)

Regularidad y secuencias constantes en el transcurso del día

Ya a partir del segundo hasta tercer mes de vida el niño ofrece un primer ritmo en su alimentación. Quiere mamar cada 2 – 3 horas. Este ritmo es aún leve y variable. Si es respetado en la conformación del día y las fases de descanso no son turbadas por actividades exteriores como ir de compras, visitas, etc. El ritmo se afirma. Ésto promueve el desarrollo de la regulación del sueño, hecho comprobable por la oscilación fisiológica del espejo hormonal en la sangre. Un transcurso del día lo más regular posible – por ejemplo cuidado (higiene) – comida – juego/exploración – comida – cuidado (higiene) – dormir – que dejen suficiente espacio para las transiciones, dan al niño una orientación y confianza, apoyando la facultad del sueño en las pausas de descanso ofrecidas. 

Evitar la intranquilidad durante el día

Los problemas de la noche son con frecuencia problemas del día. Los trastornos del sueño requieren por ese motivo una consideración y modificación del curso del día. Las vivencias del día, que se destacan por un exceso de actividad y demasiados cambios, las actividades no correspondientes a la edad (demasiado temprano) y cambios súbitos (demasiado rápido), causan una intranquilidad del niño y son imagen de los trastornos del sueño a la noche.

Los rituales dan orientación y afirman el ritmo

Los niños aman los rituales. Las costumbres que se reconocen, porque se repiten, dan orientación. Llevan inmediatamente al bienestar del niño pues actúan en forma comprobada sobre la regulación hormonal interna y con ello sobre la ritmización de los procesos vitales corporales. Así los rituales a la noche, como oraciones, versos o canciones activan la formación de la hormona del sueño, la melatonina. Los niños sienten inmediatamente que los rituales les hacen bien, por eso, no los olvide nunca, practíquelos aún en situaciones en las cuales los adultos opinan, que no hay tiempo para ellos. El niño - cuánto más joven, tanto más necesita de ellos pues vive en el presente. Aún no posee la fijación hacia una meta, como el adulto. El niño es por sí mismo cuidadoso – una cualidad que el adulto estresado intenta recuperar con mucho esfuerzo. Es esencial que los rituales evidencien constancia, no se modifiquen en corto tiempo, se adecuen a la edad del niño y no ocupen demasiado tiempo.

2. Condiciones espaciales para un buen sueño

A la conformación del ambiente para dormir hay que darle mucha importancia, considerando la prevención de la muerte súbita del niño en su primer año de vida. Por otro lado tiene influencia sobre la calidad del sueño en sí mismo. Para esa conformación se puede prestar atención a lo suguiente:

Un sostén seguro y límites del lugar para dormir

El lugar para dormir será conformado de modo tal, que el niño no se pueda caer de él. Debería irradiar amparo, al mismo tiempo posibilitar la circulación de suficiente aire, pero protegido de las corrientes de aire frío. Para ello son adecuadas las cunas que se ubican junto a la cama de los padres, camitas para lactantes, cunas mecedoras, canastos, con limitación lateral, permeable al aire. Si el niño duerme en la cama de los padres, en el primer año de vida jamás debe dormir entre los padres que duermen, sino al lado de ellos (entre los padres la muerte súbita del niño es más frecuente). Hay que prestar atención en que el niño no pueda caer de la cama.

A partir del segundo año de vida (con frecuencia ya en la segunda mitad del primer año de vida) los ciclos del sueño y los ritmos de niños y padres son tan diferentes (ver más arriba), que en una cama compartida se molestan unos a otros. Ésto puede  llevar a un sueño problemático y poco reparador de todos los participantes.

Una envoltura protectora

Un velo sobre la camita del niño -  recordando en el colorido a la protección del seno materno – puede brindar sostén y calma a los ojos. Una bolsa de dormir, más adelante también una manta, pueden transmitir la sensación de seguridad espacial. Un colchón de textura firme ayuda al desarrollo de la musculatura de la columna vertebral y a la orientación espacial del niño. Se puede cubrir el colchón con una superficie de tela de lana de oveja, que sea permeable al aire, evitando el enfriamiento, sin producir calor acumulado.

Limitar los factores excitantes, evitar el exceso de estímulos

Es de notar: la calma viene de la calma. El ambiente para dormir debería ser tranquilo y sin luz artificial. La mayoría de los niños requieren algo de luz, no se conforman con la oscuridad absoluta. Los ruídos cotidianos familiares de fondo ayudan a conciliar el sueño, probablemente porque transmiten una sensación de seguridad y de la presencia de los padres. Por lo contrario las distracciones por ruídos fuertes, música fuerte, televisión y una iluminación demasiado fuerte son factores molestos para dormir. También los móviles sobre la camita pueden distraer al niño que intenta dormir. Le dan al niño algo incongruente, o sea, un mensaje contradictorio. Le falta entonces la claridad de que el lugar, en el que ahora se encuentra, es el lugar para dormir.

Los blogs tan difundidos o la literatura que da consejos transmiten “procedimientos tranquilizantes” como sacudir al niño, mecer la cunita o el cochecito, balancear (la madre) sobre una pelota de gimnasia o colgar la cuna de una suspensión elástica, viajar con el auto o con el cochecito sobre empedrado pueden, por la distracción por estímulos fuertes, producir una calma temporaria en el niño. Éste es un principio general que es aplicado también visualmente con celulares, tablets y televisores: los estímulos sensoriales fuertes provocan una calma temporiaria en el niño. Pero a la larga provocan una cascada de intranquilidad, que exige estímulos cada vez más fuertes y hace más difícil al niño aprender una autocompetencia para calmarse en forma duradera.

Generalmente un día agitado, lleno de vivencias, con muchas impresiones, actúa hasta entrada la noche sobre el niño. Si el día actuó sobreexigiendo al niño, ésto se refleja con noches intranquilas y sueño perturbado. Con ello envía un mensaje a los adultos que se ocupan del niño, y es importante reaccionar, intentando evitar en el futuro las sobreexigencias.

Clima que favorece el sueño

Una habitación bien ventilada y no demasiado caldeada favorece el sueño. Además es aconsejable evitar el electrosmog.

3. Condiciones anímicas y sociales para el buen sueño

La sensación de seguridad es una condición esencial para adquirir la facultad de dormir bien. Para desarrollar esa sensación y confirmarla, todo ser humano tiene una necesidad elemental: quiere despertar en el lugar en el que se durmió. Ésto se refleja hasta lo medible en la fisiología del cerebro en el transcurso del sueño: los adultos despiertan casi unos 20 minutos después de dormirse, niños unos 8-12 minutos después y verifican que el entorno no se ha modificado. Recién entonces comienza la primera fase de sueño profundo. Para aprender una autoregulación positiva frente al sueño, el niño necesita la posibilidad de estar despierto cuando es depositado en su lugar para dormir. Así puede conocer la señal clara y a comprender que se le da la oportunidad de dormir. El reconocer el entorno para dormir y la vivencia de despertar siempre en ese lugar aumentan la confianza y el desarrollo de las competencias propias.

La positividad y la confianza son posturas importantes que ayudan al niño a desarrollarse, y que pueden recibir de su entorno. Por ejemplo, con las palabras “ahora te acuesto y puedes dormir” se aumentan las fuerzas que forman la confianza y poseen la calidad necesaria de un espacio y tiempo de libertad cual invitación, en vez de una presión de expectativa para dormir. Así el niño experimenta el respeto necesario, para formar confianza en el desarrollo de las competencias propias.

A ello pertenece también aceptar sentimientos adversos, malestar, enojo, frustracion de parte del niño, sin querer cargar uno mismo con ésto. Por un lado el niño necesita presencia y cercanía de la persona responsable en el sentido de brindar un enlace sano, que da seguridad y protección. Por otro lado el desarrollo de la confianza para dormirse puede alterarse por una costumbre de los padres, de ejercer vigilancia junto a la camita. En algunas situaciones de carga emocional ésto puede ser necesario en forma pasajera. Es, sin embargo, primordial que el niño pueda aprender: la situación de sueño es segura, y que el lazo emocional a la persona que está a su cuidado no está en peligro mientras duerme. Cuánto más segura es la confianza en el lazo con la persona adulta de día, tanto más fácil resulta ese paso de aprendizaje para la noche. Las fases de inseguridad pasajeras son normales en este proceso.

Las siguientes cualidades en la postura y la conducta de la persona con la cual el niño tiene el lazo emotivo actúan en forma positiva en su disposición a dormir.

Calma interior propia (del adulto)

La calma muestra una vez más la gran importancia de cuidarse a sí mismo frente a las propias necesidades.

Comunicación sensible

En un lenguaje cálido, agradable, contarle al niño lo que uno hace. Así se siente involucrado y no presionado. Prestar atención de no formular explicaciones o temores. Ambos elevan en el niño el riesgo de desarrollar miedos. Emmi Pikler manifiesta al tema: “Nuestro lenguaje ha de envolver al niño como un baño tibio.”

Aceptancia

Frente a la situación de vida propia y a las necesidades de dormir del niño.

Sinceridad

Percibir los temores propios, la desconfianza, las preocupaciones, miedos, tristeza, rabia, inseguridades. Nombrarlos y encontrar para ellos un lugar propio fuera del tiempo de interacción con el niño.

Capacidad para diferenciar

En toda relación con el niño aprender a separar lo propio de las necesidades del niño.

Congruencia y atención

Éstas se vivencian por ejemplo en forma especial en la higiene corporal. Éste es el campo de acción en el que se encuentran padres y niños. Actúa del mismo modo sobre el nivel sensitivo y fortalece la vivencia del lazo de unión. Hay tres “herramientas”que se usan en el proceso de higiene y cuidado: las manos, el habla y la mirada. Si el contacto, la voz y el estado de ánimo, así como la mirada hablan el mismo lenguaje, el niño reacciona con la disposición de cooperar y con la confianza.

“Toda situación de cuidado debería estar bien preparada, estructurada y realizada en forma contínua. Al hablar anuncie al niño cada paso del procedimiento, con la mirada produzca una relación y con el contacto de sus manos el niño puede sentirse sostenido y portado. Todo lo que haga con él sucede a partir de un movimiento suave, envolvente y nunca en forma brusca. Lleve consigo interiormente al niño, cuendo hable con él y en todo proceder. Tómese tiempo para el cuidado de su recién nacido. Entréguese totalmente al momento, ésto no significa tiempo en sentido cuantitativo. No es decisivo el lapso de tiempo que transcurre en el reloj, tomarse tiempo significa dar atención, irradiar calma, pensar en lo que es esencial.” (8)

4. Respetar el entorno espiritual del niño

El entorno espiritual del niño puede ser cuidado por las siguientes cualidades, lo que en forma comprobada actúa sobre la confianza en lograr conciliar el sueño de toda la familia, y por ende también del niño.

Pensamientos positivos

Intentar evitar las valoraciones negativas en referencia del niño, o los niños, y del conyuge, también las anímicas. Reforzar la confianza en la individualidad espiritual del niño: así la contemplación del niño dormido también puede ayudar a percibir el núcleo esencial espiritual de él.

Oraciones y rituales

Actúan en general en forma positiva si son acompañados interiormente con un ánimo de presencia y paz – no importa en base a qué religión se obra.

Meditación

En el sentido de una tranquila contemplación o concentración sobre un contenido meditativo adecuado. También puede contribuír a la calma interior la práctica de algunos ejercicios corporales – por ejemplo de la euritmia – por parte del adulto.

Retrospección del día transcurrido

La formulación de preguntas positivas a la noche,antes de dormir y la atención a las posibles “respuestas”percibidas interiormente luego de despertar fortalece la confianza en el contacto hacia las fuerzas espirituales que ayudan durante la noche.

Finalmente el ejercicio cuidadoso del pensar, el sentir y de la voluntad favorece de día el trato con el mundo espiritual original por un quehacer altruista en el respeto de la dignidad del  ser humano como individualidad espiritual, una postura idealista-beneficiente frente al otro ser humano en el lenguaje y los ideales correspondientes en el pensar (9).

Una oración que puede ser hablada para el niño:
Hacia tí emane la luz, que puede abrazarte.
Yo acompaño sus rayos con el calor de mi amor,
Yo pienso con mis mejores pensamientos de alegría
En lo que mueve tu corazón.
Ellos han de fortalecerte,
Ellos han de portarte,
Ellos han de darte claridad –

Quiero acumular en tus pasos por la vida
Mis pensamientos llenos de alegría,
Que se unan a tu voluntad de vida
Y con su fuerza se encuentre en todo el mundo
Cada vez más en sí mismo.
Rudolf Steiner (10)

Original:
In dich ströme Licht, das dich ergreifen kann.
Ich begleite seine Strahlen mit meiner Liebe Wärme,
Ich denke mit meines Denkens Frohgedanken
An deines Herzens Regungen.
Sie sollen dich stärken,
Sie sollen dich tragen,
Sie sollen dich klären –

Ich möchte sammeln in deinen Lebensschritten
Meine Frohgedanken,
Dass sie sich verbinden deinem Lebenswillen
Und in der Stärke sich finde in aller Welt
Immer mehr durch sich selbst.
Rudolf Steiner (10) 

 

 

1 Vgl. Brewer JA, Worhunsky PD, Gray JR, Tang YY, Weber J, Kober H. Meditation experience is associated with differences in default mode network activity and connectivity. Proceeding of the National Academy of Sciences of the USA 2011;108(50):20254-20259. [Crossref]

2 Vgl. Wiater A. Physiologie und Pathophysiologie des Schlafens. Monatsschrift Kinderheilkunde 2016;164(12):1070-1077. [Crossref]

3 Morales-Muñoz I, Lemola S, Saarenpää-Heikkilä O, Kylliäinen A, Pölkki P, Paunio T, Broome MR, Paavonen EJ. Parent-reported early sleep problems and internalising, externalising and dysregulation symptoms in toddlers. BMJ Paediatrics Open 2020;4:e000622. [Crossref]

4 Schneider B, Schlarb A. Schlaf im ersten Lebensjahr. Frühe Kindheit 2018,4:6-15.

5 Storm A (Hrsg.) DAK-Gesundheitsreport 2017. Beiträge zur Gesundheitsökonomie und Versorgungsforschung (Band 16). Hamburg: DAK; 2017.

6 Steiner R, Wegman I. Grundlegendes für eine Erweiterung der Heilkunst. Kap. I. GA 27. 7. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1991.

7 Jorch G. Deutsche Gesellschaft für Kinder- und Jugendmedizin e.V., Klinikdirektor der Universitätskinderklinik Magdeburg in Focus online am 14.05.2016.

8 Meinecke C. In: Bald da! Zur Vorbereitung auf das Leben mit einem Baby. Kurse.

9 Steiner R. Die geistige Führung des Menschen und der Menschheit. GA 15. 10. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1987.

10 Steiner R. Beten mit Kindern. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 2005.


Research news

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https://doi.org/10.1177/15347354221081253