Desarrollo interior y aprendizaje

La medicina no necesita solamente la competencia profesional, sino por encima de ello la competencia ético-humana. Ella no se agota en dictámenes éticos y postulados, sino consiste de la capacitación y competencia del terapeuta, junto con el paciente, a encontrar lo" bueno" para su terapia. La competencia profesional conoce la evidencia del efecto terapéutico, la ética pregunta como orientación moral buscando valores, sentido y la dimensión espiritual de las decisiones terapéuticas.

En la medicina antroposófica se une tanto para el paciente como para el terapeuta el desarrollo interior con el proceso de curación. El terapeuta competente puede encontrarse con el paciente cuando posee no sólo la competencia profesional, sino también la capacidad de relacionarse y poseer valores ético-espirituales. Desde hace mucho tiempo el estudio de la medicina se orienta en lo físico y no por lo filosófico y como consecuencia de ello el paciente es visto solamente en el contexto de las ciencias naturales descriptivas y tratado con una terapia acorde a ello. Por ese motivo se han perdido el desarrollo interior y su relación con la sanación y recién en los últimos 30 años estos campos se enfocan científicamente.

Actualmente se perfilan nuevas perspectivas para enfrentar el significado y la necesidad del desarrollo interior y ético del terapeuta. De este modo se hace cada vez más claro que la disposición interior del terapeuta es un factor efectivo en el proceso del tratamiento. Mucho, de lo que antiguamente se descartaba como efecto placebo, se investiga como una efectividad descriptible (1).  

Las seis propiedades

Las así llamadas "seis propiedades" forman una base decisiva para el encuentro con el paciente. Fueron descritas por Rudolf Steiner en forma exhaustiva (3, pág. 329-337) para el camino meditativo del conocimiento del terapeuta.

Concentración

¿Por ejemplo, cómo se conforma una conversación? ¿Puede asociarse una relación al tema o una vivencia? ¿O aparecen interferencias, por ejemplo, una llamada telefónica, que distrae del contenido de la conversación y señaliza que para el paciente ese llamado puede ser más importante, menguando la relación de confianza? El ejercicio del control de los pensamientos puede dar sus frutos y ayudar a convertir, por ejemplo, ese llamado en un hecho corto, tocando sólo lo esencial. Con los ejercicios de concentración, fijando la atención en objetos y temas, se puede aprender esa cualidad.

En el espacio de la atención concentrada pueden generarse pensamientos nuevos y un mejor conocimiento de causa. Nietzsche formuló una frase en ese sentido: “Los pensamientos vienen cuando quieren. Pero los pensamientos sobre un tema o un problema a solucionar no aparecen sin un esfuerzo”. Muchos inventos y descubrimientos importantes nacieron “de repente” y en forma sorpresiva. Este “nacimiento” es precedido siempre por un “embarazo”, que consiste en relacionarse intensamente con el tema. El espacio de la atención concentrada en la conversación con el paciente es el lugar apropiado para el “nacimiento” de nuevas ideas y perspectivas. “La firmeza interior y la facultad de permanecer estrictamente con el pensamiento en un sólo objeto, es lo que el pensar tiene que formar en sí mismo, en autonomía. Por eso para los ejercicios del pensar deben usarse objetos simples y cercanos y no objetos lejanos o complicados. Quién hace el esfuerzo de orientar sus pensamientos diariamente, durante meses, por cinco minutos, hacia un objeto de uso cotidiano, un alfiler, un lápiz, etc., y en ese tiempo excluye todo otro pensamiento, que no se asocie con ese objeto, logra algo muy importante en esa dirección” (3, pág. 330-331). Se puede pensar diariamente en el mismo objeto durante varios días o ir variándolo.

Desarrollo de la voluntad

Algo semejante es válido para educar la voluntad. Se comienza con temas de aparentemente poca importancia. Cuántas veces se prometió a un paciente, verlo a la noche en su habitación u ofrecer una charla personal en el consultorio, olvidándose luego del hecho; por muchas causas muy comprensibles! Para el paciente, que por largo tiempo quizás esperó tener esa oportunidad, surge una desilusión que le hace dudar del interés del médico en cuanto a su persona. Realizar lo que uno se propone y planearlo realísticamente es una cualidad decisiva y fruto de la ejercitación de la voluntad. Ella lleva a un fortalecimiento del compromiso terapéutico, de la voluntad de curar. Para la relación terapéutica con el paciente, este nivel de la voluntad terapéutica es decisivo. El paciente responde a ella con una fuerza interior que es salutogénica, pudiendo fortalecer así su propio camino.  

“Para esa educación superior el ser humano debe habituarse a seguir estrictamente sus propios mandatos. A quién logra habituarse, le será cada vez más fácil desear lo esencial. Lo insatisfactorio, el no tener límites en la vida volitiva procede del deseo de aquello, de cuya realización uno no se hace un concepto claro. Esta insatisfacción puede traer un desorden en toda la vida anímica cuando un yo superior quiere surgir en el alma. Es un buen ejercicio, darse a sí mismo una orden, durante meses, a la misma hora: hoy, a esta determinada hora, realizarás esto. Paulatinamente uno se llega a ordenar de modo tal que la realización de lo que uno se propone es posible, con exactitud. Así uno se eleva por encima de lo dañino: “yo quiero esto; quiero aquello”, sin pensar en la posibilidad verdadera de su realización.” (3, pág. 331-332).

Desarrollo del sentir

También el desarrollo del sentir es de importancia decisiva. La meta de este ejercicio es darle a las formas dinámicas de la vida anímica una expresión “humana”. Cada terapeuta activo conoce manifestaciones de los pacientes que le despiertan simpatía o antipatía. Si estas manifestaciones se reiteran y el paciente los expresa con lujo de detalles, pueden generar impaciencia, enojo u otras reacciones emocionales en el terapeuta. Esto humanamente es comprensible, pero el terapeuta que escucha se vivencia a sí mismo – vive su propia emocionalidad e impaciencia – y no permite de este modo la empatía con el paciente, su percepción, y se “enceguece”. Por otro lado una vivencia y escucha activa de la situación del paciente puede revelar nuevos mensajes e informaciones. “Sólo se ve bien con el corazón”, formula Antoine de Saint-Exupery (4). El sentir puede volcarse hacia el interior, al vivenciar y escuchar su propio mundo anímico, o como un órgano sensorial orientado hacia el exterior para captar mensajes en la percepción del paciente. En la clínica hablamos con frecuencia de una “sensación visceral” del diagnóstico y, a partir de lo que cuenta el paciente, se desarrolla una intuición o convicción de que se halla algo más que lo encontrado hasta ahora basados solamente en el cuadro clínico. Si un paciente atendido en la emergencia en un hospital se queja de dolores en la columna vertebral, con un estado general reducido con pérdida de peso y anemia no se buscara un problema ortopédico, sino que “hablarán otro idioma”. Un estudio en medicina paliativa muestra que esa “sensación visceral” experimentada por el terapeuta correlaciona con el tiempo de sobrevida del paciente. Si la pregunta formulada a un médico clínico: “¿Se sorprendería si el paciente muere en el año próximo?” es respondida con “no”, el coeficiente de riesgo (HR) para el momento real de la muerte en el año y en ese paciente paliativo, en comparación a una respuesta afirmativa, es de 6.99 (5). Con ello surge que esta “surprise question” se correlaciona con la realidad. (6) De la percepción general del paciente de su estado general, su diagnóstico y sus expresiones verbales, resulta una evaluación, una “intuición” del pronóstico. En muchos encuentros con pacientes esta sensación de intuición al escuchar al paciente, se produce a diferentes niveles y tiene que ser evaluada e integrada en el transcurso del tratamiento, para apoyar y orientar la acción. La búsqueda activa de un diagnóstico – o en general, del conocimiento – puede ser precedida por esa intuición. Hasta en las matemáticas se desarrolla con frecuencia la intuición de una relación formal, que luego debe ser demostrada. Steiner la llamó “intuición sana”.

Para el desarrollo del sentir hacia la serenidad del alma es necesaria la ecuanimidad, que “el alma domine la expresión de deseo y pena, alegría y dolor. Precisamente frente a la adquisición de esta propiedad pueden evitarse prejuicios. Se podría opinar que uno se tornaría indiferente e insensible frente a los demás, si uno “no se alegrara con lo alegre y sintiera dolor ante lo doloroso”. Pero no se trata de eso. Algo alegre debe alegrar al alma, algo triste debe causar dolor. Se trata de dominar toda expresión de alegría y dolor, de deseo y de desagrado. Si uno se esfuerza en ello, se notará que aumenta la recepción para lo alegre y lo doloroso que lo rodea en vez de ser apático, como antes de este esfuerzo. Esto exige una atención exacta de las sensaciones propias durante un tiempo prolongado antes de adquirir esta cualidad. Es importante la vivencia propia de alegría y pena sin perderse en lo que uno siente en una expresión arbitraria. No se trata de suprimir el dolor justificado, sino el llanto arbitrario; no el rechazo ante una mala acción, sino a la ira ciega ante ella; no el precaverse ante un peligro, sino a “ser temeroso” infructuosamente”. (3, pág. 332-333).

Positividad

La cuarta propiedad, el desarrollo de la positividad, se refiere a limitar la percepción de emociones negativas: rechazo ante diagnósticos, la no aceptación de contenidos de conversaciones juzgadas como negativas provocan distancia y cierran la percepción del paciente. En ello pueden permanecer ocultos contenidos esenciales o desarrollos positivos. Así el diagnóstico de una enfermedad tumoral progresiva puede dar señales de perder el dominio y no poder ayudar. Así la mirada a un desarrollo interior positivo puede quedar oculto. A veces podemos observar procesos evolutivos sorprendentes en torno a la enfermedad, en la autonomía del paciente y en una nueva seguridad y perspectiva – aún frente a la muerte. Por el mensaje impactante de la progresión del tumor puede quedar oculta la mirada hacia el desarrollo y autogénesis del paciente. Rudolf Steiner llamó positividad a esta propiedad de abrir los sentidos a lo positivo real, que no debe ser confundido con un optimismo exagerado en cuanto a los hechos.

“Lo erróneo, malo, feo no debe evitar que el alma encuentre lo verdadero, lo bueno y lo bello en todas la oportunidades donde se presentan. No hay que confundir esta positividad con la falta de crítica, con un cerrar arbitrariamente los ojos frente a lo malo, falso, deficiente. (...) No se puede considerar lo malo como bueno, el error como verdadero; pero a pesar de ver el mal, buscar el bien, a pesar del error, buscar la verdad (3, pág. 334-335).

Imparcialidad

Finalmente es la imparcialidad en el encuentro con el paciente, que permite estar dispuesto a aprender algo nuevo, y no aferrarse, por ejemplo, a lo pasado sin justificación. Cada observación clínica del paciente requiere el ejercicio de la imparcialidad y la disposición de descubrir lo nuevo. Las opiniones con prejuicios impiden la mirada serena. Los diagnósticos previos pueden turbar la imparcialidad en la percepción del paciente.

“Se puede aprender de cada soplo de aire, de cada hoja de árbol, del parloteo de un niño, si uno está dispuesto a aplicar un punto de vista que aún no fue aplicado. Sin embargo es posible, en relación a esa propiedad, de ir más allá de lo deseado. No es cuestión de desprenderse de las experiencias vividas a una cierta edad. Hay que juzgar las experiencias del presente según las del pasado. Esto se puede poner en una balanza; en un platillo las experiencias, en el otro la disposición del discípulo de aprender lo espiritual, lo nuevo. Y ante todo la confianza en la posibilidad de que las vivencias nuevas pueden contradecir las del pasado”. (3, pág. 335)

Ecuanimidad, concordancia armónica

Estos cinco ejercicios no sólo son “estudios” de la relación paciente-médico, aptos para ser ampliados según criterios, sino que forman un todo orgánico, en el cual hasta la secuencia es significativa. Por esta razón el sexto ejercicio se refiere a la relación armoniosa de los pasos nombrados. Así la capacidad de concentración aún no implica que exista ya una apertura suficiente para lo que el paciente relata. Y viceversa, la cultura de la percepción frente a otros seres humanos no incluye necesariamente la concentración mental suficiente. Por lo tanto se necesita un sexto paso en los ejercicios que tiene su foco en la conformación armoniosa de todo este organismo.

“Con ello se nombran cinco propiedades del alma, que el estudiante de las ciencias espirituales tiene que adquirir a través de una ejercitación seria: la guía de los pensamientos, el dominio de los impulsos volitivos, la serenidad frente a los deseos y al sufrimiento, la positividad al juzgar el mundo, la imparcialidad frente a la comprensión de la vida. Quién ha empleado durante ciertos tiempos sucesivos la ejercitación para adquirir estas características, aún necesitará llevarlas a la concordancia y a la armonía. Los ejercitará de algún modo de a dos y dos, tres y uno, etc. para lograr la armonía.” (3, pág. 336)

A través de estos ejercicios se profundiza la relación con el paciente, se educa la escucha y la comprensión de su naturaleza. Se abandonará el nivel de los diagnósticos y mensajes exteriores y paso a paso se puede cruzar el umbral hacia el ser humano. Se ilumina su esencia, sus intenciones, sus valores interiores. Sin esta ejercitación mucho de lo esencial permanece en la oscuridad y “dormimos” sin poder percibir algunos de los mensajes implícitos y explícitos. A través de estos ejercicios es posible “despertarnos” para el ser anímico y espiritual del paciente y lograr una relación paciente-médico profundizada. “Despertar en el ser anímico-espiritual del otro ser humano”, es como lo denominó Rudolf Steiner (7, pág. 116).

Estos seis ejercicios pueden ser practicados por todos los que practican profesiones terapéuticas. El paciente, en su trayecto por la enfermedad, atraviesa desafíos existenciales y llega con frecuencia a pasos evolutivos impresionantes. Él puede esperar que los terapeutas y los miembros de las profesiones médicas que lo acompañan también se esfuercen en su propia evolución y adquieran de este modo la competencia profesional y ética al escuchar y aprender de la conformación de la relación terapéutica. 

1 Kienle GS. Der sogenannte Placebo-Effekt. Illusion – Fakten – Realität. Stuttgart: Schattauer Verlag; 1995.

2 Bauer J. Selbststeuerung. Die Wiederentdeckung des freien Willens. München: Karl Blessing Verlag; 2015.

3 Steiner R. Die Geheimwissenschaft im Umriss. GA 13. 30. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1989.

4 de Saint-Exupéry A. Der kleine Prinz. Kap. XXI. Köln: Anaconda Verlag; 2015.

5 Moroni M, Zocchi D, Bolognesi D, Abernethy A, Rondelli R, Savorani G, Salera M, Dall'Oio FG, Galli G, Biasco G on behalf of the SUQ-P Group: The 'surprise' question in advanced cancer patients: A prospective study among general practitioners. Palliative Medicine 2014;28(7):959-964. [Crossref]

6 White N, Kupeli N, Vickerstaff V, Stone P. How accurate is the 'Surprise Question' at identifying patients at the end of life? A systematic review and meta-analysis. BMC Medicine 2017;2;15(1):139. [Crossref]

7 Steiner R. Anthroposophische Gemeinschaftsbildung. GA 257. 4. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1989


Research news

Practiced-Based Research of Complementary and Integrative Therapies for Pain Management in Clinical Settings
This systematic review identified 23 studies (including 8464 patients) that fulfilled the quality criteria for evaluating individualized complementary and integrative pain therapies. The studies included chiropractic, acupuncture, multimodal individualized intervention/programs, physiotherapy and anthroposophic therapies. Retention rates ranges from 53% to 91%. Although all studies reported beneficial impacts on various pain outcomes, but future practice-based CAM and IM research should be more comprehensive and scientific. Results, recommendations, and the call to action are available at:
https://doi.org/10.1093/pm/pnab151