Medicina Paliativa
La medicina paliativa es comprendida – según la Organización Mundial de la Salud (WHO) – como un tratamiento activo, integral del paciente con una enfermedad avanzada y corto lapso de vida restante, en la cual la terapia del dolor y otras molestias generan preguntas en el ámbito psicológico, social y espiritual, y requieren tratamiento de alta prioridad (1, 2, 3). La medicina paliativa antroposófica trabaja en este sentido a partir de una comprensión del ser humano desde las ciencias espirituales, que tienen como base la evolución del paciente en su cuidado. Abarca junto a la influencia de la sintomatología clínica las medidas terapéuticas referentes a la organización vital, así como la consideración del ser anímico y espiritual del paciente. En ello las preguntas espirituales del paciente exigen un cuidado especial y llevan a motivaciones para el trabajo meditativo o para la oración.
Si durante la fase paliativa de su enfermedad el paciente experimenta perspectivas y un compromiso terapéutico contínuo, crecen sus fuerzas y la motivación de seguir el camino. Desde hace tiempo se conocen estudios que muestran resultados positivos en el pronóstico si se actúa en este marco dentro de la medicina paliativa (4). Con ello ésta ya no puede comprenderse como un tratamiento orientado exclusivamente en los síntomas, sino que adquiere un valor terapéutico propio. Lo decisivo de la medicina paliativa antroposófica es el principio terapéutico orientado hacia la evolución: no se trata de un acompañamiento "final", sino de un tiempo de preparación y de evolución, que puede dar sus frutos ya durante el acompañamiento paliativo y prepara al paciente hacia su destino futuro. A partir de esta idea se desarrolla la forma de acompañamiento terapéutico y de relación con el paciente, que justamente en ese cuidado paliativo hace surgir una unión íntima con el destino.
Fig.: Musicoterapia receptiva en unidad de cuidados paliativos. © Laura Piffaretti