Trauma y psicoterapia antroposófica

Andrea Henning

Última actualización: 22.02.2023

La definición de psicotrauma a raíz de una herida psíquica fue introducida por Pierre Janet (1859 – 1947) hace unos 150 años. El filósofo, psiquiatra y psicoterapeuta Janet reconoció que perturbaciones del alma no elaboradas llevan a repeticiones de las vivencias (1). Rudolf Steiner (1861 – 1925), contemporáneo de Janet, desarrolló una ciencia espiritual ampliada por las ciencias naturales, partiendo de una imagen humana que considera al ser humano no sólo como ser corpóreo sino también como un ser  dotado de alma y de espíritu (ver también en: https://www.anthromedics.org/BAS-0347-ES. En este sentido el cuerpo humano es tratado en la psicoterapia antroposófica como un ente dotado de vida y en evolución, también dotado de alma y espíritu (2).

Dependiendo de la imagen humana y la comprensión de la patogénesis en los últimos años, se han desarrollado muchos métodos y principios terapéuticos autónomos. Es conocido y muy difundido el método basado en conocimientos neurocientíficos Eye Movement Desensitization and Reprocessing (EMDR) (3), el método del Somatic Experiencing (4), la terapia que pertenece a la terapia cognitiva de conducta (5) y la terapia de trauma conocida en el ámbito alemán como terapia de trauma psicodinámica imaginativa (PITT) (6,7).

La psicoterapia antroposófica se destaca ante todo por considerar el proceso psicoterapéutico como parte de un concepto de tratamiento interdisciplinario e integrativo. Según las necesidades individuales del paciente se incluyen elementos del cuidado antroposófico-terapéutico, del arte y del movimiento, acompañado de tratamientos médicos.

Sintomatología, diagnóstico, factores de superación de psicotraumas

El trauma es vivenciado como una perturbación severa del alma o como experiencia existencial limítrofe con vivencia de muerte. En este sentido definen Gottfried Fischer y Peter Riedesser al trauma como una “vivencia vital discrepante entre factores de situaciones amenazantes y las posibilidades de superación, acompañados de sentimientos de desamparo y entrega sin protección, causando una perturbación permanente de la comprensión de sí mismo y del mundo” (8).

En la consulta clínica no es siempre sencillo reconocer a las personas traumatizadas. Con frecuencia el paciente no relaciona sus síntomas – como nerviosismo persistente, impulsividad, trastornos del sueño, depresión y estados de miedo – con los hechos causantes de trauma en su biografía.

Los traumas psíquicos no surgen por la experiencia de hechos terribles, sino, cómo esos hechos son elaborados e integrados a la vida. Así existen innumerables alteraciones causadas por trauma y relacionados con perjuicios para la salud.

Factores familiares y las condiciones que acompañan el desarrollo infantil disponen las facultades individualmente diversas para superar los traumas. Para la vida posterior las estrategias necesarias de superación y las capacidades de autoregulación ya son aprendidas en la edad del parvulario. En el tiempo desde el nacimiento hasta el segundo año de vida los recuerdos apenas son impactantes. El tiempo entre el segundo y el cuarto año de vida tiene un papel preponderante para la maduración del cerebro. Si en esa edad acontecen experiencias traumáticas, éstas se pueden manifestar – hasta muchos años después – en forma corporal y psíquica (9).

Un ejemplo básico para esta relación es el estudio realizado en 1998 por el médico americano especialista en medicina preventiva Felitti y sus colaboradores: Adverse Childhood Experiences (ACE), que examinó las experiencias de carga en la infancia y las enfermedades en la edad adulta (9). Se pudo mostrar que estas cargas pudieron causar consecuencias graves, a veces de por vida – como abuso de drogas, alcoholismo – tener una fuerte influencia tanto en las condiciones psíquicas tardías – como depresión e intentos de suicidio – como también en la salud corporal, pudiendo desencadenar enfermedades cardíacas, cáncer y bronquitis crónica (10). En un estudio posterior en el año 2009 se pudo establecer que los seres humanos con seis o más ACEs tienen una expectativa de vida 20 años menor que los seres humanos sin ACEs.

Se evidenció que junto a los traumas causados por shock conocidos, causados por un hecho súbito, inesperado, sobrecogedor, sentido como amenaza de vida, también tienen que ser tenidos en cuenta otros tipos de trauma, como por ejemplo los de vínculo (o de desarrollo), los traumas secundarios (en la policía, servicio de ambulancia y otros), traumas sociales o colectivos (por catástrofes en la naturaleza, guerras) y el trauma que abarca generaciones.

El diagnóstico clínico de trauma se basa en una clasificación internacional estadística de enfermedades y problemas de salud relacionados ICD-11, que en el año 2018 fue publicado por la Organización Mundial de la Salud (WHO) como desarrollo posterior de ICD-10. Aquí son considerados en conjunto la alteración  de carga post-traumática asociada a stress (PTBS) y los dos complejos diagnósticos PTBS (K-PTBS), así como la alteración persistente de luto y la alteración de adaptación, uniéndolas en (ICD-11, 6B4). Considerando las alteraciones disociativas (ICD-11, 6B6), se realizaron nuevas subdivisiones, en las cuales junto a la despersonalización y desrealización ante todo se diferencia la alteración disociativa parcial de la identidad (pDIS) de la alteración disociativa de la identidad (DIS) (12).

Partiendo de estos criterios de diagnóstico según los diversos tipos de trauma, se ordenan las consecuencias traumáticas correspondientes. Así, como consecuencia de traumas de apego (sociales) se forman alteraciones de apego y de la personalidad. A través de la vivencia única de shock (tipo-1-trauma) se llega a los tres síntomas principales de PTBS: memoria desbordante, volver a vivir un hecho, evitar pensamientos y actividades y sobreexitación.  Vivencias traumáticas repetidads, por ej, abuso durante muchos años, son denominados traumas múltiples (tipo II-trauma) y llevan a PTBS o K-PTBS, en los que se observan problemas graves de la regulación afectiva, un sentimiento extremo y durable de complejo de inferioridad y problemas afectivos graves. El trauma de tipo II puede llevar a una alteración parcial disociativa de la identidad. Por acción de violencia organizada, como por ej. pornografía infantil o violencia ritualizada la traumatización puede llevar a K-PTBS y también a la alteración disociativa de la identidad (DIS) y a la alteración parcial de la identidad (Pdis).

No toda experiencia traumática lleva a alteraciones consecuentes. Las alteraciones post-traumáticas se muestran con síntomas muy diferenciados y son tratados según el diagnóstico con métodos diferentes.

Trauma según la concepción antroposófica

La psicoterapia antroposófica post-traumática se diferencia de otras direcciones terapéuticas post-traumáticas ante todo porque observa al ser humano no sólo desde el punto de vista de las ciencias naturales, sino que amplía el diagnóstico así como el tratamiento del paciente con la dimensión de la espiritualidad (13). En ello se considera lo corporal, lo anímico y lo espiritual, cada uno con las cualidades del ser propio. Los procesos de enfermedad se comprenden como desintegración, como situación separada de la relación total del organismo en una reacción en el sentido de una autonomía patológica. La curación representa en oposición un proceso de reintegración, en el cual el ser humano como ser espiritual se relaciona en forma armónica con su cuerpo y su ser anímico (14).

El ser humano se vivencia a sí mismo por su núcleo anímico-espiritual, que denomina como “yo” o esencia interior. Este núcleo esencial está incluído en los así llamados miembros constitutivos de la organización vital (cuerpo etérico), de la organización anímica (cuerpo astral) y de la organización física. Todas las actividades anímicas – como pensar, sentir y tener voluntad – en el ser humano despierto están unidas a su yo y son guiadas e influenciadas por éste. (15) A través de esta relación con ese yo “divino”, indestructible y espiritual el ser humano es siempre creador y artífice de su ser y obrar; por ese yo el ser humano se puede autorealizar y desarrollar. En este sentido el psicoterapeuta antroposófico, en un proceso terapéutico, se dirige siempre a ese yo, a ese núcleo espiritual indestructible.

En el trauma la memoria y la posibilidad o imposibilidad de la integración de lo vivido como   narración vital en el organismo físico-funcional y en el psíquico tiene una gran importancia. El recuerdo representa una nueva creación de contenidos vividos experimentados y elaborados. Una vivencia traumática penetra como un cuerpo extraño en el ser humano y no puede ser interiorizado allí, no puede “yo-izarse”. Por esa penetración intensa de algo extraño surgen dinámicas corporales y anímicas, que no responden más a las fuerzas formativas del propio yo, sino a las del cuerpo extraño: “el ser humano no puede vencer al mundo exterior, sino el mundo exterior lo vence”. (16). A través de impulsos terapéuticos sobre la actividad del yo, el recuerdo impulsivo del trauma puede ser integrado de modo tal que forme parte integral de la narrativa total del recuerdo dentro de la organización vital.

También en el trauma de apego experimentado en la temprana infancia se altera el desarrollo corporal y emocional, pero ante todo se impide el desarrollo sano de las fuerzas del yo.

El proceder en la psicoterapia antroposófca

A través de un acercamiento cuidadoso, que forme la base terapéutica, se establece una relación llena de confianza y calor entre el terapeuta y el paciente, que posibilite al terapeuta a intuir lo que le sucedió al paciente, qué grado de herida o sacudimiento existe y cómo se ha de proceder en forma justa con este paciente. Para llegar a un diagnóstico, nos acercmos en forma sensible e intuitivo, desarrollamos una hipótesis, que en el transcurso del proceso será confirmada, dejada de lado o será desarrollada. Ésto puede tomar un tiempo más prolongado, según el grado de severidad de la traumatización.

En el próximo paso se trata de encontrar el tipo de traumatización. También aquí el procedimiento es muy sensible. Formulamos preguntas acerca de la biografía y las vivencias del pasado, siendo importante orientarse en la situación anímica del paciente. Nuestro esfuerzo consiste en reconocer nuevas relaciones detrás de los fragmentos de lo relatado o recordado y colocar bajo una luz nueva lo vivenciado. Justamente con el trabajo biográfico antroposófico (17), el paciente adquiere acceso a recursos, que con frecuencia dormitan o son inconscientes.

El paciente es incentivado a desarrolar paso a paso sus actividades propias y la facultad de autoregulación a nivel corporal y emocional-cognitivo.

Rudolf Steiner desarrolló para este tema ejercicios para el fortalecimiento de la vida anímica (18, 19) y para la autoeducación, que son necesarios para el restablecimiento y cuidado de la salud propia. Éstos se aplican en forma individual y según sea necesario, para activar nuevas fuerzas vitales en el paciente y fomentar las fuerzas del yo y de la consciencia de sí mismo. Estos ejercicios, que bajo la primera mirada aparecen sencillos, se recomiendan para obtener el control de los pensamientos, de la conducta y del desarrollo de los sentimientos durante un tiempo prolongado. Esto posibilita una actividad del yo que permite un nuevo acceso a la vivencia del equilibrio interior y del bienestar.

En el caso de vivencias traumáticas en la infancia se pueden agregar trabajos con ejercicios de percepción y sensoriales constructivos. Steiner desarrolló una enseñanza ampliada de los sentidos, en la cual diferencia 12 sentidos distintos, cuya maduración individual tiene una gran influencia sobre el desarrollo corporal, el emocional y el espiritual (21). Ejercicios específicos de percepción pueden ayudar al paciente a encontrar nuevamente un acceso sano, positivo a su realidad exterior e interior. En un proceso terapéutico positivo el paciente se siente percibido en su sufrir y en su dolor, pero también en los recursos de su ser interior indestructible, alcanzando una sucesiva autopercepción de todas sus facetas de luz y de sombras.

Tanto el paciente como el psicoterapeuta son apoyados por un equipo terapéutico interdisciplinario. Este acompaña al proceso terapéutico con aplicaciones externas calmantes y vigorizantes para los órganos, así como con el apoyo medicamentoso recomendado por médicos antroposóficos especialistas en la materia. También forman parte del tratamiento las ofertas de actividades artísticas y del arte del movimiento.

Junto a su formación profesional específica, el terapeuta antroposófico trabaja en sí mismo el camino de la postura interior, atención y percepción (22). En este sentido el encuentro terapéutico establece un vínculo entre ambas partes, ayudando a un proceso evolutivo mutuo. 

Bibliografía

  1. Fiedler P (Hrsg.) Trauma, Dissoziation, Persönlichkeit. Pierre Janets Beiträge zur modernen Psychiatrie, Psychologie und Psychotherapie. Lengerich: Pabst Science Publishers; 2006.
  2. Selg P. Kulturbeitrag der Anthroposophie im 20. und 21. Jahrhundert. Vortrag vom 21.01.2022. Verfügbar unter https://goetheanum.tv/programs/der-kulturbeitrag-der-anthroposophie-peter-selg?locale=de (24.10.2022).
  3. Shapiro F. EMDR - Grundlagen und Praxis: Handbuch zur Behandlung traumatisierter Menschen. 3. Aufl. Paderborn: Junfermann Verlag; 2022.
  4. Levine P. Trauma-Heilung. Das Erwachen des Tigers. Essen: Synthesis; 1998.
  5. Young JE, Klosko JS, Weishaar ME. Schematherapie. Ein praxisorientiertes Handbuch. 2. Aufl. Paderborn: Junfermann Verlag; 2008.
  6. Reddemann L. Psychodynamisch Imaginative Traumatherapie PITT® - Das Manual. 10. Aufl. Stuttgart: Klett-Cotta; 2020.
  7. Schopper C. Trauma überwinden. Ein Handbuch für Therapeuten und Betroffene. 2. Aufl. Stuttgart: aethera im Verlag Urachhaus; 2019.
  8. Fischer G, Riedesser P. Lehrbuch der Psychotraumatologie. 4. Aufl. Stuttgart: UTB; 1998, S. 545.
  9. Felitti VJ. The Relation Between Adverse Childhood Experiences and Adult Health: Turning Gold into Lead. The Permanente Journal 2002; 6(1): 44–47.
  10. Van der Kolk B.  Verkörperter Schrecken. Traumaspuren in Gehirn, Geist und Körper und wie man sie heilen kann. 7. Aufl. Lichtenau: G. P. Probst; 2015, S. 146-147.
  11. Brown DW, Anda RF, Tiemeier H, Felitti VJ, Edwards VJ, Croft JB, Giles WH. Adverse Childhood Experiences and the Risk of Premature Mortality. American Journal of Preventive Medicine 2009;37(5): 389-396. DOI: https://doi.org/10.1016/j.amepre.2009.06.021.[Crossref]
  12. Gysi J. Veränderungen im ICD-11 im Bereich Trauma & Dissoziation. V1.1 Nov. 2018. Verfügbar unter https://docplayer.org/150668117-Veraenderungen-im-icd-11-im-bereich-trauma-dissoziation.html (28.06.2022).
  13. Mancini A, Feist-Gröteke O. Erfahrungen sexuell traumatisierter Frauen mit einer anthroposophische erweiterten Psychotraumatherapie. Der Merkurstab 2021;74(5):395-403. DOI: https://doi.org/10.14271/DMS-21405-DE.
  14. Girke M. Innere Medizin. Grundlagen und therapeutische Konzepte der Anthroposophischen Medizin. 3. Aufl. Berlin: Salumed Verlag; 2020, S. 47-51.
  15. Steiner R. Nervosität und Ichheit. Vortrag vom 11. Januar 1912. In: Erfahrungen des Übersinnlichen. GA 143. 4. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1994.
  16. Krause B. Das Ich und sein Spiegel. Seelische Erkrankungen aus anthroposophischer Sicht. Dornach: Verlag am Goetheanum; 2021, S. 90.
  17. Wais M. Ich bin was ich werden könnte. Entwicklungschancen des Lebenslaufs. Aus der Biographieberatung. 5. Aufl. Frankfurt a. M.: Info3 Verlag; 2011.
  18. Steiner R. Mantrische Sprüche. Seelenübungen II. GA 268. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1999.
  19. Steiner R. Seelenübungen mit Wort- und Sinnbild-Meditationen. GA 267. 2. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 2001.
  20. Steiner R. Menschenwesen, Weltenschicksal und Weltentwicklung. 1. bis 6. Vortrag. GA 226. 5. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; 1988. 
  21. Steiner R. Zur Sinneslehre. Herausgegeben und kommentiert von Christoph Lindenberg. 7. Aufl. Stuttgart: Verlag Freies Geistesleben; 2022.
  22. Steiner R. Wie erlangt man Erkenntnisse der höheren Welten? GA 10. 24. Aufl. Dornach: Rudolf Steiner Verlag; S. 16-101.

Research news

Mistletoe therapy in addition to standard immunotherapy in patients with non-small cell lung cancer indicates improved survival rates 
Immunotherapy with PD-1/PD-L1 inhibitors has significantly improved the survival rates of patients with metastatic non-small cell lung cancer (NSCLC). Results of a real-world data study (RWD) investigating the addition of Viscum album L. (VA) to chemotherapy have shown an association with improved survival in patients with NSCLC - regardless of age, degreee of metastasis, performance status, lifestyle or oncological treatment. The mechanisms may include synergistic modulations of the immune response by PD-1/PD-L1 inhibitors and VA. These findings may underline the clinical impact of add-on VA. However, the results should be taken with caution due to the observational and non-randomised study design. The study has been published open access in Cancers:  
https://doi.org/10.3390/cancers16081609.